Despacio.Nunca es demasiado tarde, nunca un texto es demasiado largo, nunca hay demasiada prisa.Encuentra el olor, el sabor, la imagen. Encuentra el mensaje.Escribo mi película, tú lees mis líneas y ves la tuya.
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domingo, 25 de agosto de 2013
Im Wäscherei.
Hablando de fastidiarse: ¿para qué estudio alemán? Está bien, me gusta, pero me pregunto por qué si saben que soy extranjera me hablan en su maldito dialecto. Si yo hiciese lo mismo... Tengo a mi compañera riñéndome por hacer no-sé-que-cosa mal. Me está explicando como hacerlo y se desquicia porque no la entiendo y no quiere hablar inglés. Chica, si hablas mal español debería desquiciarme yo. Soy española, ya sabes, controlo el idioma de maravilla, eres tú la que está haciendo algo mal.
Pero qué va, no me está hablando de forma malhumorada, es que es yugoslava, de Serbia para ser exactos. Lo sé por su tía, el año pasado creía que era una amargada y es que resulta que esta gente habla así de siempre. "DOBLA ESTO CARIÑO". Y cuando me acostumbro a entenderla y traduzco mentalmente la frase, me doy cuenta de que 'cariño' y un roce lo endulzan todo y me hacen cambiar de opinión. Es su acento, ni ellas ni yo.
Odio la pausa y la hora de comer. No me gusta que me vean en plena acción, es bastante incómodo.
Las perchas hacen un ruído desagradable y entre la plancha y la ropa recién salida de la lavadora, el calor es definitivamente sofocante. Suelo tomarme estas horas como una gran fracción de tiempo para reflexionar sin pretenderlo en un principio, pues es algo que sale solo cuando estás haciendo un trabajo mecánico. Lo peor es cuando una de las presentes quema mi silencio con su te-voy-a-mezclar-mis-tres-idiomas-a-ver-si-entiendes y me habla con ese énfasis arrebatador de cualquier magia.
"Andjela, ¿te gusta el alemán?", seguido de un 'sí' y palabras de diferentes idiomas que me impiden continuar con el intento de vamos-a-tener-buen-rollo.
"Sevin, ich verstehe dich besser weil Deutsch ist nicht deine Muttersprache".
"¡Oh! ¡Cuánto has aprendido, ¿no?" Que va, señora, sólo he abierto la boca por primera vez... Es una mezcla de vergüenza irracional e indiferencia la que me impide hacerlo más a menudo. ¿Vamos a decir algo importante? No, realmente no. Entonces para qué hacer el esfuerzo. Aunque creo (y sólo creo) que me encantaría mejorar estas relaciones que tenemos.
Una mujer portuguesa se me acerca por detrás, me toca el hombro y me dice: '¡Muchachita!' ¿Cómo debo de reaccionar? ¿Debo responder? Si es que el empleo no es para nada lo difícil.
"Sie Papagei, verstehst du?" Más o menos, Svetlana. Comprendo que estás llamando 'papagayo' a otra empleada, pero no sé en qué posición la deja. Noto cierta... ¿Cómo decirlo? Maldad, rencor, odio en tus palabras. No en un buen nivel, pero sí cierto deje maníaco, aunque con vosotros los yugos nunca se sabe.
Aquí sólo escucho a las personas criticarse unas a otras, tengo miedo de girarme y que comenten con acritud lo poco y lento que como, lo tímida y maleducada que soy a veces y la mala cara que tengo siempre. Aunque, seguramente, la mitad de esto sólo lo opine yo (o eso espero). Y, una vez más, es miedo mezclado con mucha indiferencia.
Las españolas y portuguesas critican desde su mesa al resto, mirando descaradamente y haciendo comentarios en su idioma. Se creen que señalar con el dedo y ese tipo de gestos no son lenguaje internacional. Seguro que yo también me he ganado unos cuantos enemigos por reírme, o quizá sea otra típica y estúpida paranoia personal.
Escondamos la mierda tirando de la cisterna, después de enturbiarse el agua vuelve a estar limpia. No sé qué es lo que opino realmente, pero diría que me gusta este trabajo. Me gusta tener a alguien aproximadamente de mi edad al lado, me gusta Svetlana y que Sevin siempre esté de buen humor. Me encanta, al igual que a Andjela, el túnel por el que pasamos para colocar los uniformes dos veces al día en la planta -1, donde siempre hay alguna mujer que dispara sus palabras extremadamente suizas como balas hacia nosotras, que nos miramos y no solemos saber salir de tal situación. Tardan en darse cuenta de que o tenemos pocas luces o no hablamos su dialecto, y se van. Se alejan de nosotras como nosotras del hospital, cuando ya termina nuestra jornada y me despido de su tía con movimientos incómodos antes de dedicar mis inseguros pasos a la calle. Entonces subo una pequeña cuesta y usando mi llave me vengo aquí, a escribirlo todo para finalmente afirmar: 'esta vida está bien, me gusta este trabajo'. Y como no, querré volver en el verano de 2014.
domingo, 4 de agosto de 2013
Ansiedad, volumen n°27949.
Me siento vacía de vida y llena de angustia existencial. Cualquier gilipollez, la más mínima, me pone nerviosa hasta tal punto que no es descriptible. Aunque crea que no me importa, inconscientemente me mata por dentro, y nunca entenderé por qué. Sé que no puedo vivir así eternamente, que no se puede, que es imposible, que no puedo aguantar (ni con esa supuesta suerte) ochenta años de vida viviendo de esta manera. Y hablo como si tuviera estrés, mil cosas que hacer y mil problemas, cuando es justo todo lo contrario. No quiero nombrar la ansiedad que tengo, porque estoy hasta los cojones de repetirme, pero aquí estoy, haciéndolo una vez más. Tengo tan poco que hacer, tantos debates internos, tan pocas ganas... Me ahogo, me asfixio, me falta algo y ya no creo que sea el aire, no, hace ya mucho que no le temo a la muerte de una forma tan estúpida. Ya no pienso "me estoy ahogando", y si tengo esa maldita sensación de que me voy a caer al suelo, inconsciente y que no despertaré nunca, literalmente, ya sé que es una simple ilusión de mi puta mente. Ahora tan sólo asumo lo que me está pasando y me digo una vez más: "Es ansiedad, voy a ignorarla". Porque ya no sé qué cojones hacer, qué camino coger: ni psicólogo, ni ejercicios de relajación, ni salir, ni distraerme, ni estar ocupada... Ella siempre vuelve, siempre regresa y me aprieta fuertemente en la garganta, en el estómago, en la cabeza. Siempre ataca y yo sólo quiero un poco de silencio o que alguien me grite, ya no lo sé, me pierdo en mí misma, me desconozco, nunca me siento bien, ¿por qué nunca me encuentro bien? Ahora mismo estoy enloqueciendo.
domingo, 7 de julio de 2013
16.
Camino por la calle y lo que me entretiene y obsesiona inconscientemente es mirarme en cada escaparate, cristal, retrovisor o cualquier otra superficie que pueda reflejarme. Me miro y me pregunto si voy bien, si estoy bien, si alguna de las numerosas personas que me cruzo pensará esto. Me encantaría que cualquiera me fichase por la calle y tuviese un buen pensamiento sobre mi aspecto.
No me conformo con mi físico. Puedo pasarme horas observándome en el cuarto de baño. Sonrío, dejo de sonreír y voy cambiando a ver en qué momento mi imagen en el espejo llega a agradarme y la verdad, nunca me veo tan mal como creo que ellos me ven. He ido creciendo junto a otras chicas, más bonitas o menos que yo. Todas han encontrado a alguien en algún momento de su vida, aunque sólo fuese un encuentro fortuito, un instante, dos desconocidos dejándose de sentir tan solos por una noche. Dos personas jugando, conociéndose y creando magia que siempre se acaba rompiendo, pero que te quiten el haberla tenido.
Yo sigo aquí y a solas, observándome y preguntándome qué cojones pasa conmigo.
Continúo mis días fingiendo que no me importa. Nadie se fija en mí y ya no aguanto, el ser humano no puede vivir sin amor. Yo también necesito un cumplido de vez en cuando, con suerte un 'te quiero' después de una colección de meses. Así que me arreglo y salgo, pero no abro la boca. Qué puedo hacer si esas perras en celo son mucho más avispadas que yo. Parlotean, se ríen, coquetean y se conforman con cualquier cabeza y el físico que consideren medianamente aceptable.
Una mujer sabia me dijo una vez: 'lo que tú sabes valorar, hay otros que también saben hacerlo.' Quizá algún día alguien encuentre en mí algo de valor y viceversa.
Sí, seguramente sí, pero tampoco será esta noche.
domingo, 16 de junio de 2013
Cumpliendo con otro día cualquiera.
Siempre me refugio en la distancia que existe entre el día en el que estoy y el día que temo, pero desafortunadamente siempre acaba llegando el segundo, y además en el día en el que estoy no me lo logro quitar de la cabeza.
Tengo miedo a escribir y terminar relatando mi vida y no lo que soy. Al fin y al cabo, no suelo narrar las circunstancias, describir el escenario ni soltar las mierdas que me preocupan de quienes pisan mi mismo suelo de vez en cuando. Creo optar siempre por dirigirme enteramente a pensamientos y sentimientos concretos, los míos, los que sangro y siento y que a veces puedo descubrir que son los mismos que los tuyos, pero nunca se trataría de la misma sangre.
Después de tanto tiempo sin escribir, ¿qué me preocupa? Dejar de hacerlo bien o no haberlo hecho así nunca.
Me preocupa esta puta mierda de ambiente, esta puta televisión, los putos móviles y toda esta basura que no se huele pero se siente. Ojalá se oliese, la hubiésemos visto venir.
No sé qué le pasa a mi cabeza. Opino que nos están jodiendo la creatividad. Llevo días intentando hacer un poema, sin ritmo o con él, ya sabes, renovarme. No hay manera.
Quiero rimar, / si no es hoy lo volveré a intentar mañana, / que drama, / no encuentro nada que rime con nada, / ¿notas que son malas? / Mis rimas están malditas, / como mis días.
Y así los paso, prometí levantarme a la una y eran las tres, comí a las seis, vi '8 millas' y aseguré que no te (d)escribiría mi vida. Eso fue todo, y ahora, ¿podré dormir?
Que no, que ya no soy capaz de expresarme con metáforas a fuego lento que hablan por sí solas.
Debería estar en Venecia y estoy aquí, rompiendo una vez más mis esquemas.
Que les jodan, sigo viajando escribiendo, y aunque no se me den bien las rimas ya lo dije, estaba viendo '8 mile'.
Busca si no comprendes o no lo hagas, la belleza suele esconderse en todo lo que no podemos entender. A veces, cuando todo tiene sentido deja de ser bonito, ¿no crees?