Despacio.Nunca es demasiado tarde, nunca un texto es demasiado largo, nunca hay demasiada prisa.
Encuentra el olor, el sabor, la imagen. Encuentra el mensaje.
Escribo mi película, tú lees mis líneas y ves la tuya.

Seguidores

viernes, 16 de marzo de 2012

Esto es todo menos justo. Nosotros somos todo, menos justos.

Accidente, tragedia. Se te encoge el corazón y piensas, ¿cómo reaccionaría yo si quienes se hubiesen muerto fueran personas imprescindibles para mí? Leer el periódico puede dejarte con mal cuerpo para todo el día. El no parar de pensar, de darle vueltas a la cabeza. ¿Cómo se encontraran entonces los seres queridos de estas personas?
Me encuentro mal y, finalmente, pienso que hoy voy a tener un mal día.
Y sí, fue así. Es increíble con que facilidad nos olvidamos de los problemas que no son nuestros. Y esa es la diferencia. Al día siguiente tú vuelves a sonreír, pero ellos no volverán a ser los mismos. Esto les marcará para siempre, y de que manera. Una herida imposible de localizar. Una herida subjetiva, pero que duele más que ninguna.
Demasiadas personas han tenido que aprender a dejar correr lágrimas por sus mejillas sin sentir la necesitad de secarlas.
Las noches son distintas. Cada noche implica recordar. Una tragedia te enseña muchas cosas, pero no vale la pena. El precio a pagar es mucho más del que le desearías al que tanto odias.
Los años pasarán y aprenderás a vivir de otra manera con ese dolor. Sonrisas tristes que reflejan tantas cosas... Pero su muerte no es tu muerte, sólo es la muerte de una parte de ti. Suena duro y es cierto a su vez.  Volverás a sonreír. A su tiempo, poco a poco. Seguirás sintiendo ese pequeño vacío de que algo te falta, recordarás y sufrirás, pero ahora con un enfoque diferente. Finalmente, y aunque ahora no te lo creas, recordarás todos los momentos, todas las cosas buenas. Llegarás a recordar esos momentos de alegría sin que duela.
Y ahora me dirijo a todas las personas que no han pasado por esto:
¿De verdad merece la pena sufrir por problemas de mierda?
Disfruta.
Recuerda esto.

viernes, 2 de marzo de 2012

Historia de muchos, injusticia de nadie.

Catorce años. Esta sociedad me asusta. No quiero caer, no quiero acabar siendo como ellos. Y sé que no lo haré, tengo fe en ello. Sé que nunca daré ni una sola calada, sé que nunca beberé hasta perder la cabeza. Seré una persona ejemplar, al menos en esto. Estoy seguro de ello.

Quince años. Todo va mal, esta situación me está matando. Por dentro me consumo lentamente. La situación familiar es insostenible y esto lo ha empeorado todo.

Meses después, todo sigue igual. Él dice que esto me ayudará, que me olvidaré de todo y de todos y que podré, por fin, estar tranquilo y disfrutar. Es de noche, hace frío... La oferta es tentadora. Mil imágenes pasan por mi cabeza, y todas las promesas que hoy voy a romper. Él sigue con el porro en mano, ofreciéndolo. Yo lo cojo y me olvido de todo. Me prometo a mí mismo que esto no se repetirá otra vez.

Más meses que pasan. Salgo de casa dando un portazo. Es de noche, no tengo a dónde ir. Como siempre, hace frío en la calle. Voy a beber hasta perder el sentido, es lo único que creo poder hacer.

Diecisiete años. Noches de litros de alcohol y decenas de caladas, mi rutina de fin de semana. Yo controlo, mamá. No me pasará nada, mamá. Sé lo que hago, mamá.
Pero ella no lo sabe.

Meses más tarde. He dejado los estudios. Entre una cosa y otra, mamá no para de llorar, ahora estoy acostumbrado. No sirvo para nada y a cada calada peor me siento. Las noches no son lo que eran. Salgo para divertirme, pero lo he dejado todo para hacerlo.
Me siento sucio por mucho que me lave las manos. Todo iba mal, yo lo empeoré.

viernes, 3 de febrero de 2012

Que cuando muera no podré avisarte.

Un dolor de cabeza que se hace fuerte e intenso. Pestañear ya no sirve para nada. Asiento sin asentir, sin saber porque asiento, sin saber si quiero decir algo o simplemente no puedo mantener la cabeza sin que parezca caerse. Me duele el pecho.
El corazón debería latirme más rápido, o así es como yo lo siento, y sin embargo, me late más despacio.
Lo pienso todo, y en poco rato me quedo sin nada.
Nada en que pensar, mi cabeza ya no funciona, ya no regula.
Todo mi cuerpo está dormido. No lo noto. Me doy cuenta de que me estoy ahogando.

Todos conocemos o creemos conocer lo que nos sucede justo antes de morirnos, todo se resume a corazón y cerebro. Corazón y cerebro...
Pero, ¿quién sabe qué pasa después? ¿Quién sabe que pasa justo en el momento? ¿Quién sabe qué se siente? ¿El ultimísimo momento es de felicidad? ¿Cuál es la sensación de morirse?
Y nos lo preguntaremos. Y surgirán dudas. Y no pararemos de seguir preguntándonos lo mismo.
Pero nadie tiene la respuesta, ni nadie la tendrá nunca. Aquí no hay ciencia que valga. Lo que pase, nadie te lo va a poder contar. Y cuando a ti te suceda, será demasiado tarde para que nos lo cuentes.

viernes, 6 de enero de 2012

No ves lo que yo veo, no veo lo que tu ves.

Tus ojos y los míos son muy diferentes, como dos cámaras. Si pones dos cámaras diferentes juntas, verás que por cada una ves diferente. Quizás una imagen es más bonita en una de las cámaras, y así nos pasa. Yo te veo preciosa, mientras que tú no puedes parar de menospreciar tu imagen en el espejo. Nuestros ojos son diferentes en color, forma, incluso en la cantidad de pestañas. Pero nuestra forma de mirar la misma imagen, también es diferente. En cualquier momento tu vista te puede engañar, y tendrás que convivir con ello. Tendrás que convivir con ver tu imagen en el espejo y querer romperlo. Te ayudaré a entender que no eres lo que tu ves, que te exiges demasiado y eso te deja ciega. Te ayudaré, por darnos cuenta que a las dos nos pasa lo mismo. Quizás algún día alguien te haga sentir de otra manera, y la forma de verte cambiará. Toda persona viviente en algún momento de su vida se mira en el espejo y sonríe. Quizás cuando está más arreglada por algún acontecimiento, o a veces ni si quiera tiene que mirarse en el espejo para verse y sonreír. Con que alguien que verdaderamente le importa y en quien confía se lo diga, ya puede sacarle una sonrisa.