Camino por la calle y lo que me entretiene y obsesiona inconscientemente es mirarme en cada escaparate, cristal, retrovisor o cualquier otra superficie que pueda reflejarme. Me miro y me pregunto si voy bien, si estoy bien, si alguna de las numerosas personas que me cruzo pensará esto. Me encantaría que cualquiera me fichase por la calle y tuviese un buen pensamiento sobre mi aspecto.
No me conformo con mi físico. Puedo pasarme horas observándome en el cuarto de baño. Sonrío, dejo de sonreír y voy cambiando a ver en qué momento mi imagen en el espejo llega a agradarme y la verdad, nunca me veo tan mal como creo que ellos me ven. He ido creciendo junto a otras chicas, más bonitas o menos que yo. Todas han encontrado a alguien en algún momento de su vida, aunque sólo fuese un encuentro fortuito, un instante, dos desconocidos dejándose de sentir tan solos por una noche. Dos personas jugando, conociéndose y creando magia que siempre se acaba rompiendo, pero que te quiten el haberla tenido.
Yo sigo aquí y a solas, observándome y preguntándome qué cojones pasa conmigo.
Continúo mis días fingiendo que no me importa. Nadie se fija en mí y ya no aguanto, el ser humano no puede vivir sin amor. Yo también necesito un cumplido de vez en cuando, con suerte un 'te quiero' después de una colección de meses. Así que me arreglo y salgo, pero no abro la boca. Qué puedo hacer si esas perras en celo son mucho más avispadas que yo. Parlotean, se ríen, coquetean y se conforman con cualquier cabeza y el físico que consideren medianamente aceptable.
Una mujer sabia me dijo una vez: 'lo que tú sabes valorar, hay otros que también saben hacerlo.' Quizá algún día alguien encuentre en mí algo de valor y viceversa.
Sí, seguramente sí, pero tampoco será esta noche.
Despacio.Nunca es demasiado tarde, nunca un texto es demasiado largo, nunca hay demasiada prisa.Encuentra el olor, el sabor, la imagen. Encuentra el mensaje.Escribo mi película, tú lees mis líneas y ves la tuya.
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domingo, 7 de julio de 2013
16.
domingo, 16 de junio de 2013
Cumpliendo con otro día cualquiera.
Siempre me refugio en la distancia que existe entre el día en el que estoy y el día que temo, pero desafortunadamente siempre acaba llegando el segundo, y además en el día en el que estoy no me lo logro quitar de la cabeza.
Tengo miedo a escribir y terminar relatando mi vida y no lo que soy. Al fin y al cabo, no suelo narrar las circunstancias, describir el escenario ni soltar las mierdas que me preocupan de quienes pisan mi mismo suelo de vez en cuando. Creo optar siempre por dirigirme enteramente a pensamientos y sentimientos concretos, los míos, los que sangro y siento y que a veces puedo descubrir que son los mismos que los tuyos, pero nunca se trataría de la misma sangre.
Después de tanto tiempo sin escribir, ¿qué me preocupa? Dejar de hacerlo bien o no haberlo hecho así nunca.
Me preocupa esta puta mierda de ambiente, esta puta televisión, los putos móviles y toda esta basura que no se huele pero se siente. Ojalá se oliese, la hubiésemos visto venir.
No sé qué le pasa a mi cabeza. Opino que nos están jodiendo la creatividad. Llevo días intentando hacer un poema, sin ritmo o con él, ya sabes, renovarme. No hay manera.
Quiero rimar, / si no es hoy lo volveré a intentar mañana, / que drama, / no encuentro nada que rime con nada, / ¿notas que son malas? / Mis rimas están malditas, / como mis días.
Y así los paso, prometí levantarme a la una y eran las tres, comí a las seis, vi '8 millas' y aseguré que no te (d)escribiría mi vida. Eso fue todo, y ahora, ¿podré dormir?
Que no, que ya no soy capaz de expresarme con metáforas a fuego lento que hablan por sí solas.
Debería estar en Venecia y estoy aquí, rompiendo una vez más mis esquemas.
Que les jodan, sigo viajando escribiendo, y aunque no se me den bien las rimas ya lo dije, estaba viendo '8 mile'.
Busca si no comprendes o no lo hagas, la belleza suele esconderse en todo lo que no podemos entender. A veces, cuando todo tiene sentido deja de ser bonito, ¿no crees?
domingo, 26 de mayo de 2013
El humo de los que suspiran.
Qué pretendes con esto. Sé que tu situación es dura, pero a nadie le faltan razones. Todos las tenemos y no digas que tú eres más débil, me parece una forma muy poco valiente de rendirte.
No eres débil, escúchame. Tú me ayudaste y ahora me toca a mí tenderte la mano e intentar levantarte hasta conseguirlo. Aquí estoy, para ayudarte con la fuerza de las dos.
Yo también a veces pienso que debería coger esa generosa porción de droga y consumirla. Pensar es algo inevitable, actuar o no son las opciones a elegir.
Quisiera que te vieses en este mismo instante, mirándome y riéndote y diciendo frases sin sentido y riéndote otra vez. Y yo aquí, retratándote con líneas rectas cuando tan sólo son las diez de la noche. Pintándote con palabras e intentando comprenderte para elegir la opción de actuar.
Me gustaría saber qué es lo que piensas de todo esto, qué piensas de ti misma, pero me temo que fumas para no pensarlo.
Tu mirada perdida me indica que escriba esto.
Nunca me creí que aquellas de quince realmente conociesen el huevo, pero me temo que ya lo he visto. Esta imagen es la más desagradable del mundo.
Ver a una niña jugando demasiado cerca del fuego. Una niña que, joder, se cree que es feliz y por un motivo liado en mal papel.
Se duerme entre mis brazos, o al menos conserva el silencio.
Y yo que no puedo reírme tengo ganas de llorar.
domingo, 12 de mayo de 2013
Mis historias que no me dejan dormir (por escribirlas).
Estoy impaciente, indecisa, confusa. No supe qué decir y ahora no sé qué pensar. Siento ser ese tipo de persona que cae en las trampas que ella misma fabrica. Y se hace daño, ante todo haciendo daño a los demás.
Cuánta paciencia necesito para soportarme. Es conmigo misma con quien tengo que convivir veinticuatro horas al día, no con nadie más.
La niña esperaba una respuesta. Todos se la daban, yo callaba. Debería haber ido junto a ella, haber pasado la noche con ella. Acostarnos pronto, hacer lo que ella dijese, no dormir. Debería.
Cuando supe que las posibilidades de ir eran mínimas, en voz alta mostré mi acuerdo: "Hoy voy, ¿no? Ya que no fui ayer..." He de decir que en cuanto pasaban las horas y el momento se acercaba, la idea comenzaba a disgustarme. He de decir, también, que en cuanto pasaban un par de horas más de la cuenta, el alivio era inminente. No sé si era pereza, miedo (¿a qué?) o falta de costumbre, lo que estaba claro era que no quería ir. Cuando el teléfono sonó, mi abuela no se anduvo con contemplaciones y no sé si por pereza, miedo (¿a qué?) o falta de costumbre, su 'no' fue rotundo. Sin comunicarlo conmigo, sin esperar una respuesta de mis labios. Todos decidieron por mí, pues ante todo yo no mostré ninguna intención de hacerlo. Para qué mentir, la culpa siempre es de uno.
Me imaginé a la pequeña llorando, pues estaba segura de que así lucía la situación. El típico disgusto de los siete años y el comprender menos de la mitad (de todas formas, más de lo que ellos se creen). La culpa pesaba sobre mí, junto a todo lo demás que hacía de mi alma un papel arrugado a punto de ser tirado a la basura y de mi cuerpo un lastre irremediable. Ahora que la posibilidad era prácticamente inexistente me veía capaz de ir. Ahora que el inventado peligro había finalizado. Siempre la misma historia.
La niña lloraba en su cuarto, sola como no lo deseaba, mientras sus padres intentaban quitarle la razón. Yo me senté a escribir un kilómetro o dos alejada de ese escenario, infeliz pese a conseguir lo que aparentemente quería.
Sólo sabría añadir que el ser humano nunca está conforme, siempre hay algo que falla.