Me pregunto si alguna vez la tuve. Por qué esta sensación tan extraña. Ya es costumbre que me tomen por algo que no soy, que insistan en que todo lo hago bien y en el fondo se decepcionen viendo como no soy capaz de hacer lo que supuestamente es en lo que destaco.
Nunca tuve palabras. Nunca tuve oraciones. Nunca te tuve, talento. Nunca tuve el dominio de las letras, nunca jugué con ellas, nunca quisieron jugar conmigo. Nunca tuve cojones, nunca los voy a tener.
Decepción. Decepciono. Mis palabras me decepcionan a mí. Es una cadena, una maldita cadena; ¿qué he hecho mal? Quizá perdí la suerte. ¿Conoces la sensación de haber tenido algo y haberlo perdido? Yo busco la inspiración entre sombras y no es que no la encuentre, es que para ella ya no existo. Si es que se la vendí a alguien, no he recibido nada a cambio.
Sólo sé que me avergüenzo de cada una de mis palabras, de cada uno de mis intentos. Escriba lo que escriba, haga lo que haga, tengo que pagar lo justo. Mi cabeza, mis escritos... Ellos no aceptan el cambio. No quieren cambiar de moneda, no quieren aceptar, no quieren tragar... Supongo que soy yo la que no quiere cambiar. La que no quiere aceptar que todo cambia, que todos cambian. Todos cambian y me quedo atrás. ¿Por qué? ¿Por qué no soy capaz de aceptar el cambio?
Despacio.Nunca es demasiado tarde, nunca un texto es demasiado largo, nunca hay demasiada prisa.Encuentra el olor, el sabor, la imagen. Encuentra el mensaje.Escribo mi película, tú lees mis líneas y ves la tuya.
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viernes, 11 de noviembre de 2011
viernes, 21 de octubre de 2011
Todo por una imagen.
La ves en fotos, con cinco, con ocho, y más tarde con once años. Ves todo lo que ha cambiado ahora con sus dieciséis, y simplemente por el hecho de que ella lo quiso así.
Ella, rubia por naturaleza, con unos ojos marrones oscuros como el resto de la familia. Ella ha querido borrar todo rastro de lo heredado: sus ojos, su pelo, todo.
Un día fue a la óptica. Compró lentillas de los dos colores: azul y verde. Las ponía cada poco, para salir de fiesta, y también cuando le apetecía estar 'un poco más guapa'. Ahora todos los días, víctima del espejo.
Tiene el pelo con extensiones para hacerlo más largo. ¿No es mejor esperar a que crezca por sí solo? ¿No es mejor esperar a que el tiempo haga su trabajo? Tu pelo crece y crece, pero tú has hecho trampa.
Todas las chicas quieren ser rubias. Sin embargo, tú... Tú te has teñido de negro, de negro carbonizado. Cuanto dinero derrochado por el simple capricho de tirar a la basura el color que tus padres te han dado. Tu pelo lleno de ondas de color oro, que a su vez destrozas quemándolos con el secador y, posteriormente, con la plancha. Plánchatelo un día especial, para una boda, para un gran acotencimiento... Pero tú no puedes salir a la calle sin tener el pelo planchado, te dá vergüenza, y eso no tiene sentido.
Las chicas algo menores te miran con adoración, quieren ser como tú.
Pero tú has destrozado todo recuerdo de tu pasado, todo con lo que naciste. Te miras al espejo y no eres la misma que se despierta por las mañanas, y mucho menos la misma de hace cinco años.
Y todo esto que hiciste para sentirte mejor contigo misma, aún así, no funciona. Quieres más y más perfección, quieres llorar de impotencia y de rabia, por no conseguir todo lo que quieres, por no sentirte tú misma.
Pero no puedes, no eres capaz, el rímel se te correría. Y eso a estas alturas, eso ya no puedes permitirlo.
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