Demasiados detalles que estás pasando por alto merecen la pena, como cuando haces todo lo que tenías que hacer durante el día y te hace sentir bien eso de no tener nada por terminar. Cuando te dicen un espontáneo 'qué guapa estás hoy'. Cuando huele a palomitas o a café recién hecho. Cuando ríes o incluso lloras de la risa. Cuando algo te sale bien. Cuando, por fin, hoy te miras al espejo y te gusta lo que ves. Cuando te sientes alagada, admirada, tenida en cuenta, apreciada o querida. Cuando os sonreís mutuamente al hacer contacto visual. Cuando te compras ropa nueva, la estrenas y piensas que te sienta bien. Cuando el desánimo no te permite desplazarte a algún lugar, pero le vences y, finalmente allí, piensas que mereció la pena. Cuando viajas y conoces lugares nuevos. Cuando paseas, en compañía o a solas, y el ambiente es agradable. Cuando conoces personas nuevas que te impresionan y te aportan algo. Cuando te dicen que has despertado el interés de alguien. Cuando estás muerto de sed y bebes agua al llegar a casa. Cuando hace frío y se hace un chocolate espeso. Cuando en verano abres la nevera para beber agua fría, y en una cafetería con la calefacción puesta, te tomas un Cola-Cao en invierno. Cuando mantienes una conversación que merece la pena y te hace sentir que, simplemente, avanzas. Cuando el tiempo te permite dedicarte pausadamente a lo que te gusta. Cuando haces algo diferente. Cuando comes en un restaurante. Cuando recuerdas buenos momentos del pasado con alguien que está sentado a tu lado. Cuando ves fotos que reviven otras imágenes en tu cabeza. Cuando se pone el sol.
Supongo que es hora de tomarse este respiro. Mírate, es la vida la que te conduce a ti y no tú quien conduce tu vida. Has pasado por alto demasiadas situaciones que realmente tenían valor y estaban allí, esperando a que las miraras de otra forma.
Así que ríe y sonríe cuando la ocasión lo merezca (y no seas exigente en esto). Haz café y dedícate a lo que te haga sentir.
Creo que a mí me hace sentir esto y ya huele a cine a mi alrededor.
Es fácil mostrar una buena actitud, vas a tener problemas siempre, y siempre podrás hacerles frente de la mejor manera.
No pierdas el tiempo.Vive a cada respiración.
Empieza ahora.
Despacio.Nunca es demasiado tarde, nunca un texto es demasiado largo, nunca hay demasiada prisa.Encuentra el olor, el sabor, la imagen. Encuentra el mensaje.Escribo mi película, tú lees mis líneas y ves la tuya.
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domingo, 15 de diciembre de 2013
domingo, 1 de diciembre de 2013
Volver no existe.
Solíamos perdernos por los pueblos que nuestros padres nos llevaban a conocer, las dos familias que ahora ya no se llaman y sólo se mandan la felicitación de rigor por Navidad. En el coche, papá conducía y tú venías con nosotros para poder escucharme. Cuando bajábamos, yo convertía el escenario en el que caminábamos en un lugar totalmente distinto. Sentíamos como si hubiésemos entrado dentro de lo que un libro esconde.
Provocábamos los acontecimientos o nos creíamos que todo realmente pasaba. Si había que ver una estrella fugaz, la veíamos. Si teníamos que hablar otro idioma, lo hablábamos y creíamos que nos comprendíamos. Todo era ridículamente posible.
Nos turnábamos, yo contaba una parte de mi historia inventando sobre la marcha, creaba intriga y añadía un "continuará". Tú alababas mi facilidad para inquietarte con palabras, me preguntabas algo y esperabas impaciente a que mi turno volviese, pero también aprovechabas el tuyo. Lo que me gustaba de nosotras era cómo no nos dejábamos influenciar. Ahora todo es diferente, si no eres el más destacado en algo parece que no merece la pena que abras la boca. Vivimos hundidos en un mar de críticas, atravesados por miradas juiciosas que no nos dejan respirar.
Echo de menos nuestras historias, ya no puedo improvisar de esa manera. Me siento obligada a pensar cada palabra. Me siento juzgada a cada momento y me limitan, no sé quiénes, pero lo hacen. Con la edad perfeccionas tu capacidad para expresarte, pero no te lo permiten. ¿A caso es superable la honestidad con la que un niño se expresa? Tú y yo podíamos decirlo todo y ahora ya no siento eso, ya no me siento así.
Noto que todo son problemas, cargas. Que siempre voy a tener algo de lo que preocuparme. Que ahora me obsesiona mi físico. Que Internet me está jodiendo la creatividad. Que las personas me hacen sentir demasiado y no me sienta bien.
Ya nada se parece a nosotras, a nuestro "nunca voy a maquillarme", "nunca voy a beber" como los actuales "no voy a dejar de quererte". Todo es tan frágil que ni si quiera sé por qué estoy perdiendo el tiempo con esto, si también se enterrará solo.
Y es que ya nadie me escucha como tú lo hacías. Ahora mis historias han cambiado mucho, sólo me como la cabeza y parece que quiero sentenciar la felicidad de todo el mundo. Parece que quiero bajar el ánimo por defecto en vez de inventar algo que pueda enganchar. Y lo siento, siento haber cambiado tanto porque si de alguna manera me sigues escuchando, si los recuerdos también te han atormentado como han hecho conmigo... Entonces quiero que sepas que yo también querría volver.
Quizá ya no sea tan espontánea como antes, pero sigo imaginando. Y no me imagino un futuro sin que todo vuelve a cambiar, a sorprendernos, volviéndonos a quejar de que un día todo fue diferente y éramos mucho más dóciles de lo que ahora somos.
Provocábamos los acontecimientos o nos creíamos que todo realmente pasaba. Si había que ver una estrella fugaz, la veíamos. Si teníamos que hablar otro idioma, lo hablábamos y creíamos que nos comprendíamos. Todo era ridículamente posible.
Nos turnábamos, yo contaba una parte de mi historia inventando sobre la marcha, creaba intriga y añadía un "continuará". Tú alababas mi facilidad para inquietarte con palabras, me preguntabas algo y esperabas impaciente a que mi turno volviese, pero también aprovechabas el tuyo. Lo que me gustaba de nosotras era cómo no nos dejábamos influenciar. Ahora todo es diferente, si no eres el más destacado en algo parece que no merece la pena que abras la boca. Vivimos hundidos en un mar de críticas, atravesados por miradas juiciosas que no nos dejan respirar.
Echo de menos nuestras historias, ya no puedo improvisar de esa manera. Me siento obligada a pensar cada palabra. Me siento juzgada a cada momento y me limitan, no sé quiénes, pero lo hacen. Con la edad perfeccionas tu capacidad para expresarte, pero no te lo permiten. ¿A caso es superable la honestidad con la que un niño se expresa? Tú y yo podíamos decirlo todo y ahora ya no siento eso, ya no me siento así.
Noto que todo son problemas, cargas. Que siempre voy a tener algo de lo que preocuparme. Que ahora me obsesiona mi físico. Que Internet me está jodiendo la creatividad. Que las personas me hacen sentir demasiado y no me sienta bien.
Ya nada se parece a nosotras, a nuestro "nunca voy a maquillarme", "nunca voy a beber" como los actuales "no voy a dejar de quererte". Todo es tan frágil que ni si quiera sé por qué estoy perdiendo el tiempo con esto, si también se enterrará solo.
Y es que ya nadie me escucha como tú lo hacías. Ahora mis historias han cambiado mucho, sólo me como la cabeza y parece que quiero sentenciar la felicidad de todo el mundo. Parece que quiero bajar el ánimo por defecto en vez de inventar algo que pueda enganchar. Y lo siento, siento haber cambiado tanto porque si de alguna manera me sigues escuchando, si los recuerdos también te han atormentado como han hecho conmigo... Entonces quiero que sepas que yo también querría volver.
Quizá ya no sea tan espontánea como antes, pero sigo imaginando. Y no me imagino un futuro sin que todo vuelve a cambiar, a sorprendernos, volviéndonos a quejar de que un día todo fue diferente y éramos mucho más dóciles de lo que ahora somos.
sábado, 16 de noviembre de 2013
Sobre la marcha.
Me pregunto si es habitual esta sensación de querer dejarlo todo y no esforzarse nunca más en ningún asunto. No sé qué es lo que me ha pasado. Ya no soy lo que era.
Yo no quiero esto, pero elegí esto, y es que tampoco me quiero marchar.
¿Qué te pasa? ¿Estás cansada? Es normal, los comienzos son duros...
Los finales también. Es demasiado difícil finalizar.
No sé qué ha sido de esa niña preocupada por sus estudios, de esa niña de al menos notables y fama de persona sumamente inteligente. ¿Qué me habéis hecho? ¿Qué me hice?
Me cuesta escribir. Tengo un bloqueo emocional que me hace no poder continuar esta frase como quisiera, no poder expresar lo que deseo expresar.
Me pregunto dónde quedó eso de aprobar sin estudiar, de estudiar y que fuese imposible suspender. Que me he pasado horas estudiando en esa habitación y el resultado no ha sido el que esperaba. Ahora se puede suspender habiendo estudiado y me sigue costando encajar la noticia.
No todo es blanco o negro. Tampoco soy una puta niña decepcionada por un suspenso. Soy la frustración de nuevo y vengo a joderte, a abrirte los ojos a la realidad que tú estás viviendo y yo estoy sufriendo, porque joder, me parece que no sois tan realistas.
Me hizo pensar aquella frase que decía eso de que "deberían enseñarnos cómo pensar y no qué pensar". Y cuánta razón lleva. Siento que somos sometidos e inútiles soldaditos que esperan las órdenes para llevarlas a cabo mal y a rastras, porque nos mandan hacer un trabajo y nos dan de margen siete días, pero sólo aprovechamos el último. Y luego si ese día Internet no funciona te tiras de los pelos, pero que no te tiren de la lengua, porque si lo hacen descubrirán que llevas arrastrando discretamente la irresponsabilidad desde que eras pequeño, y ahora poco a poco está saliendo a la luz.
Quéjate, pero estás recibiendo lo que mereces, como los problemas de espalda que tendrás que comerte por haberte sentado toda una vida en una silla verde como si fuese una hamaca. Esto es la vida y te estás enterado tarde, como de costumbre.
Y aquí estoy, castigándome a mí misma con estos pensamientos y dos archivos abiertos que me indican cómo hacer el análisis de un texto y su comentario crítico, algo que supuestamente se me da bien. Y estoy así, en blanco. Una vez más decepcionada porque perdí lo que fui, porque otros lo hacen mejor que yo, porque me molesta que otros lo hagan mejor que yo. La obsesiva rivalidad no llega a ninguna parte pero, ¿por qué tengo este cinco en lengua? ¿Dónde está mi sobresaliente?
No veo cuál es el propósito de una vida estudiantil que me arrastra y me ahoga como si fuese un perro incapaz de pasear con normalidad sin esos tirones que le dan con la correa. No estoy aprendiendo nada, sólo estoy sufriendo, sólo estoy llegando al límite de la ansiedad y dejando de disfrutar incluso los fines de semana. Sólo me estoy dando cuenta de que no doy la talla, de que no llego al nivel que me exigen, de que no hago las cosas bien una vez más.
Quiero dejar bachillerato, pero sé que no lo voy a hacer. "Los comienzos son duros".
Después de este calentamiento, me voy a hacer el comentario crítico. Y para mí, me reservo éste:
Sé que se me da bien perder el tiempo, pero se me da mejor aún, cuando queda poco, aprovecharlo al máximo.
Quiero dejar bachillerato, pero sé que no lo voy a hacer. "Los comienzos son duros".
Después de este calentamiento, me voy a hacer el comentario crítico. Y para mí, me reservo éste:
Sé que se me da bien perder el tiempo, pero se me da mejor aún, cuando queda poco, aprovecharlo al máximo.
sábado, 2 de noviembre de 2013
Cuando callamos.
Caminaba y allí estaba él, implacable, una vez que llega es difícil hacer que se vaya. Cuando se produce entre dos individuos siempre existe el miedo antes de decidirse a romperlo, pues no quieres que la otra persona sepa que has estado buscando algo de lo que hablar desesperadamente por lo mucho que estas situaciones te inquietan. Así van las cosas.
Cuando existe cierta confianza entre los que caminan, si él interrumpe normalmente se le deja introducirse de mutuo acuerdo. En estos casos no suele venir acompañado de felicidad. Se crea un punto y coma para respirar tranquilos y sumergirse cada uno en sus propios pensamientos personales y reflexionar. Te evades completamente.
En estas situaciones, cuando las palabras vuelven no requieren esfuerzo para salir, más bien son enviadas y recibidas con un extraño sabor a volver a ser el espectador de una despedida o reencuentro en un aeropuerto.
Está claro que puede sacar lo peor o lo mejor de nosotros, por ejemplo cuando disfrutamos de una puesta de sol, nos miramos a los ojos o nos besamos.
Pero de verdad, con una razón de peso.
(Supongo que el propio silencio es el que mejor se define a sí mismo).
Cuando existe cierta confianza entre los que caminan, si él interrumpe normalmente se le deja introducirse de mutuo acuerdo. En estos casos no suele venir acompañado de felicidad. Se crea un punto y coma para respirar tranquilos y sumergirse cada uno en sus propios pensamientos personales y reflexionar. Te evades completamente.
En estas situaciones, cuando las palabras vuelven no requieren esfuerzo para salir, más bien son enviadas y recibidas con un extraño sabor a volver a ser el espectador de una despedida o reencuentro en un aeropuerto.
Está claro que puede sacar lo peor o lo mejor de nosotros, por ejemplo cuando disfrutamos de una puesta de sol, nos miramos a los ojos o nos besamos.
Pero de verdad, con una razón de peso.
(Supongo que el propio silencio es el que mejor se define a sí mismo).
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