Muerdes el barquillo de un helado y en el aire permanece el sonido de tus dientes en contacto con una masa crujiente, la primera parte de un sinfin de deseos fugaces que a menudo solo las estrellas cumplen. Yo tengo frío en verano. Me dices: "no sabes lo que aún está por venir" y comprendo esta sensación helada que tengo tan dentro, pero es lo único que comprendo.
Estamos llorando juntos. Escribo esta frase y me doy cuenta de que no puede sonar triste. Pienso en el descenso hacia mi más allá (siempre pensando que, aun así, estoy más aquí que el resto) y mientras la guío con el perro revoloteando en el césped, las señoras de collares largos y pesados cerca y mis descripciones muertas de ganas por hacer servicio, acabo envidiando la exactitud, el rigor de un escritor de verdad.
A veces cierro los ojos porque el humo que me escupen no me deja ver. Contaminación ajena, decisiones de otros, pero es mi aire y lo respiro sucio y triste. Me pregunto si se puede reprochar el no ser feliz a alguien o algo o si la culpa solo la tiene uno mismo.
Ardo por dentro cada vez que pienso un rato. Mi cabeza está echada a perder. Tengo uno de esos muchos incendios de mi tierra tan a dentro del coco como la llevo a ella en mi pecho; me persigue allá donde voy y yo le sonrío por el cariño que nos trajo el tiempo. El viento solo nos trajo polvo y un intento de arrancar esas raíces.
La educación es como esa serie o esa página web que intenta reinventarse para causar sensación y mete la pata hasta el fondo. Todo el mundo quiere volver a lo antiguo una vez probado lo nuevo (y comprobado que, tras un tiempo, no funciona mejor). Ahora escuchamos a las personas mayores, sabemos que tienen algo que decirnos. Perseguimos nuestros sueños hasta el final y descubrimos que son ellos los que nos empujan a nosotros, los teníamos justo detrás, alentándonos para seguir adelante. A veces no sabemos ver eso. A veces necesitamos ayuda (y son más de las que pensamos).
El sueño me paraliza como el aburrimiento, con ambos abro la boca y suelto el aire. Vivimos cansados. Me sorprende lo poco que recuerdo y lo mucho que mi cuerpo acumula. Nuestra piel tiene la memoria más cruel, pero no es la única que recuerda.
Hoy quiero agradecer, entre tanto verso prosaico y tanta gaita (asturiana o gallega, porque me siento persona amada y amante en ambas) que tengo a mis mayores para enseñarme tanto, como esa fuente de sabiduría infinita que son y que sin embargo no siempre llevan la razón; ahora sé que no solo se aprende de la verdad.
Ya no distingo los derechos de los privilegios, me tienen demasiado confundida. Sea lo que sea, me siento tan afortunada que si esto estuviese escrito a mano no podrías leerlo, contaría con la saturación de emociones que reflejan lo ilegible.
Despacio.Nunca es demasiado tarde, nunca un texto es demasiado largo, nunca hay demasiada prisa.Encuentra el olor, el sabor, la imagen. Encuentra el mensaje.Escribo mi película, tú lees mis líneas y ves la tuya.
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lunes, 22 de agosto de 2016
martes, 5 de julio de 2016
Mi cuarto es Roma
Nado entre mis papeles acariciados por tinta negra para encontrar el texto que quiero publicar, el que tengo en la mente desde que lo escribí, el último. Abro la carpeta verde y hay papeles dentro y fuera de los plásticos. Disfruto mientras pienso en que nada me representa mejor. Está llena de dibujos de mis primas, relatos escritos en Suiza, escrituras automáticas del último año de instituto, recuerdos plasmados con hora y fecha, apuntes perdidos y un análisis muy revelador que me hice a mí misma bajo los efectos de una pastilla y que no había leído hasta hoy. Todavía tengo los ojos muy abiertos por esto. Experimentos de coaching, canciones de Cool, tachones, preguntas, el análisis que le hice a Andrea. Una imagen de Pessoa traída de Lisboa, un análisis profano, mi reseña personal de Skagboys y Las pesadillas del Marabú y un esquema que comienza con "Ideas claras". Sin embargo, sé que no tengo nada claro. Miro a mi alrededor y confirma mi caos, no cabe un alfiler más en mi habitación llena de pirámides. El quitaesmalte está al lado de una crema solar que me saluda por primera vez. La crema está al lado de la bombilla del mate, ésta está muy cerca de los libros de alemán a su vez pegados a una botella de agua vacía desde hace días y una caja de zapatos Converse con varias libretas dentro. El texto que quería publicar no lo he encontrado. Es como cuando tienes una canción en la cabeza y no pararás hasta averiguar cuál es y escucharla, pero no es un proceso rápido.
Hay recuerdos que quedan tan abajo que cada vez que me asomo siento el vértigo hasta en el último de mis huesos. La palabra instituto me está haciendo sentir eso. No quiero volver, pero tampoco estar aquí. Pienso en el instinto, en lo bien que lo usaba allí. Me pregunto si estoy perdiendo facultades.
Ahora escucho el ruido de mis dedos al teclear y cómo el sonido de la barra espaciadora es el más molesto. Siento a mis padres cerca, a la 1.26 exhalan con la intención de que el calor salga del cuerpo. Intento hacer el texto más corto para dejar de hacer ruido. Intento pensar que posiblemente esto no sea ruido, si no un sonido lejano. Yo les escucho respirar, pero no todos somos iguales.
Me pregunto cuándo mi mente ha aprendido a hacerlo mejor sin salir de ahí, sin ver el exterior... Siempre creí que pensaba mierda y hacía magia. Ahora lo pienso y es oro, lo escribo y sé que no ha merecido la pena sacarlo a la luz.
Me gusta despertarme y saber que me has escrito. Imagino qué satisfacción sentirías al saber que escribí sobre ti antes de dormir. De momento me guardo el secreto.
Hoy la casera ha dado problemas, ha llegado una factura nueva, me ha hablado una amiga de la que hacía tiempo que no sabía nada. Hoy me he emocionado con una canción, he enviado una queja, he solicitado un trabajo. Hoy he vuelto a sentir vértigo sin subirme a las alturas, pero fue solo un momento. Hoy ha sido un día más en el que me he creído que puedo impartir justicia y me he golpeado contra un muro. Me hubiese hecho más daño no haberlo intentado.
Hay recuerdos que quedan tan abajo que cada vez que me asomo siento el vértigo hasta en el último de mis huesos. La palabra instituto me está haciendo sentir eso. No quiero volver, pero tampoco estar aquí. Pienso en el instinto, en lo bien que lo usaba allí. Me pregunto si estoy perdiendo facultades.
Ahora escucho el ruido de mis dedos al teclear y cómo el sonido de la barra espaciadora es el más molesto. Siento a mis padres cerca, a la 1.26 exhalan con la intención de que el calor salga del cuerpo. Intento hacer el texto más corto para dejar de hacer ruido. Intento pensar que posiblemente esto no sea ruido, si no un sonido lejano. Yo les escucho respirar, pero no todos somos iguales.
Me pregunto cuándo mi mente ha aprendido a hacerlo mejor sin salir de ahí, sin ver el exterior... Siempre creí que pensaba mierda y hacía magia. Ahora lo pienso y es oro, lo escribo y sé que no ha merecido la pena sacarlo a la luz.
Me gusta despertarme y saber que me has escrito. Imagino qué satisfacción sentirías al saber que escribí sobre ti antes de dormir. De momento me guardo el secreto.
Hoy la casera ha dado problemas, ha llegado una factura nueva, me ha hablado una amiga de la que hacía tiempo que no sabía nada. Hoy me he emocionado con una canción, he enviado una queja, he solicitado un trabajo. Hoy he vuelto a sentir vértigo sin subirme a las alturas, pero fue solo un momento. Hoy ha sido un día más en el que me he creído que puedo impartir justicia y me he golpeado contra un muro. Me hubiese hecho más daño no haberlo intentado.
domingo, 22 de mayo de 2016
1
Recuerdo el hormigueo en las manos, esa sensación de placer que provocan los nervios cuando el sentimiento se muestra indomable. Recuerdo mirarme al espejo durante tanto tiempo que concluí en taparlo para centrarme. Recuerdo el sol calentándome tan fuerte al caminar que incluso pude odiarlo y, no mucho tiempo después, temblar de frío durante tantas horas que al regresar a casa el calor no volvía a mi cuerpo ni con cuatro mantas. Recuerdo volver a desear que me calentase el sol, pero ya era tarde. Lo quería conmigo cuando ya se había ido.
Recuerdo desear que me creciesen los pechos, mirarlos, regarme en la ducha por el placer de sentir el agua caliente correr por todo mi cuerpo, partiendo de las raíces de mi pelo hasta gotear desde las puntas al suelo. Ducharme durante más tiempo del necesario; utilizar la relajación y el sonido del agua para una reflexión inconsciente, la más productiva del día. Creer firmemente que si fuese una planta, mi última hoja tocaría nuestro techo. Recuerdo que me doliesen mucho antes de empezar a sangrar sin caídas.
Recuerdo perder el miedo a la oscuridad, en la oscuridad. No recuerdo la última vez que lo sentí dentro. Ahora busco adrenalina, pero evito el pánico. Echo en falta creer verbalizarlo con precisión; ahora sólo soy más práctica.
Recuerdo escucharle cantar muy bajo en una esquina solitaria, cerca de aquel antro. Recuerdo sus ojos muy abiertos cuando delante suya se metieron las primeras rayas de cocaína. Primer impacto. Cambiamos de tema y pareció que desaparecía. Sin embargo, lo que un día evitas, no se mueve del sitio.
He tenido más de siete vidas, pude empezar más de una vez al levantarme. Pronto el hábito volvía a hacerme monje. Recuerdo haber hablado con Dios, hoy sé que no es cierto, he podido evolucionar hasta por fin sentirme a gusto.
Recuerdo haber creído con seguridad que quien me quería deseaba hacerme daño. He creído tantas cosas que resultaron ser falsas con el tiempo, que ya no puedo creer, mucho menos sin cuestionármelo. Lo siento muy dentro hasta desgastarlo. No tengo los pies en el suelo, por eso no sé hacia dónde estoy caminando.
Recuerdo desear que me creciesen los pechos, mirarlos, regarme en la ducha por el placer de sentir el agua caliente correr por todo mi cuerpo, partiendo de las raíces de mi pelo hasta gotear desde las puntas al suelo. Ducharme durante más tiempo del necesario; utilizar la relajación y el sonido del agua para una reflexión inconsciente, la más productiva del día. Creer firmemente que si fuese una planta, mi última hoja tocaría nuestro techo. Recuerdo que me doliesen mucho antes de empezar a sangrar sin caídas.
Recuerdo perder el miedo a la oscuridad, en la oscuridad. No recuerdo la última vez que lo sentí dentro. Ahora busco adrenalina, pero evito el pánico. Echo en falta creer verbalizarlo con precisión; ahora sólo soy más práctica.
Recuerdo escucharle cantar muy bajo en una esquina solitaria, cerca de aquel antro. Recuerdo sus ojos muy abiertos cuando delante suya se metieron las primeras rayas de cocaína. Primer impacto. Cambiamos de tema y pareció que desaparecía. Sin embargo, lo que un día evitas, no se mueve del sitio.
He tenido más de siete vidas, pude empezar más de una vez al levantarme. Pronto el hábito volvía a hacerme monje. Recuerdo haber hablado con Dios, hoy sé que no es cierto, he podido evolucionar hasta por fin sentirme a gusto.
Recuerdo haber creído con seguridad que quien me quería deseaba hacerme daño. He creído tantas cosas que resultaron ser falsas con el tiempo, que ya no puedo creer, mucho menos sin cuestionármelo. Lo siento muy dentro hasta desgastarlo. No tengo los pies en el suelo, por eso no sé hacia dónde estoy caminando.
domingo, 17 de abril de 2016
Sin conexión
Cientas de toses se alimentan al escuchar su eco. Buscan, muy tensas, un silencio cómodo por el que vagar. Sus poses son rígidas, sus teces grises. Un banco más de peces que cambian de color sólo cuando abandonan el banco y se vuelven del mismo (homogéneo, estándar, triste) cuando se juntan sin un motivo más allá que el de seguir nadando en la misma dirección. Una batalla constante entre la frecuencia y el tiempo; la primera tiene prisa y puede hacer que me rinda. El segundo persevera y nadie ha conseguido nunca frenarle. Monumentos, relaciones, objetos: mido su valor en años. Años vacíos, años intensos, años. Pasan y son entonces otras palabras las que me provocan ilusión de frecuencia. Pasan los días, y son otras palabras las que frecuento.
Con el don de describir con las palabras exactas un sabor que no he probado, cojo el móvil a punto de caer bajo los efectos del sueño y, con toda mi voluntad (que no me cuesta levantar en absoluto) escribo en sus notas lo que mi mente logra retener del pensamiento mágico de hace unos segundos. Sin embargo, toda esa voluntad se convierte en desmotivación cuando suena el despertador antes del mediodía, durante o cuando ya ha pasado. Dame una razón para sacar estas ganas de la cama y que se miren con cariño en el lavabo. Me paso los días escribiendo cómo me sobrepasan los días. Como Muriel, me imagino con una máquina de escribir en frente de mi ventana, pero sin embargo mis dedos se deslizan sobre un teclado táctil o escribo palabras ilegibles con un Bic al que le doy diez días de vida.El tiempo y la frecuencia han marcado el fin y el principio de cada época.
Con el don de describir con las palabras exactas un sabor que no he probado, cojo el móvil a punto de caer bajo los efectos del sueño y, con toda mi voluntad (que no me cuesta levantar en absoluto) escribo en sus notas lo que mi mente logra retener del pensamiento mágico de hace unos segundos. Sin embargo, toda esa voluntad se convierte en desmotivación cuando suena el despertador antes del mediodía, durante o cuando ya ha pasado. Dame una razón para sacar estas ganas de la cama y que se miren con cariño en el lavabo. Me paso los días escribiendo cómo me sobrepasan los días. Como Muriel, me imagino con una máquina de escribir en frente de mi ventana, pero sin embargo mis dedos se deslizan sobre un teclado táctil o escribo palabras ilegibles con un Bic al que le doy diez días de vida.
domingo, 27 de marzo de 2016
De los dieciséis a los ochenta y dos
Hoy por la mañana tenía doscientos mensajes de WhatsApp en un grupo de amigos. Marta, sin pensar qué estaba haciendo, contribuyó en la difusión de un vídeo porno grabado anoche por dos personas que al parecer debería de conocer de vista y de nombre. Todos en el grupo lo hacían. Me descargué los catorce megas de vídeo y me vi los tres minutos de duración, sorprendida, tensa. Quería analizar, casi por instinto, qué perfil psicológico se escondía detrás de dos personas no lo suficientemente ignorantes como para desconocer que grabarse follando les puede traer problemas reales. El chico, con muy mala fama, exconvicto y habitual en los juzgados, difundió el vídeo. La chica, menor, hermana de un amigo de un amigo mío, era consciente de estar siendo grabada (sujeta la cámara en parte del vídeo). Sus ojos están perdidos, parece estar más drogada de lo habitual a los dieciséis años (aún más)... El chico señala la cámara con orgullo, susurran sobre ello, se mueve cómodo, experto y mira más a la cámara que a ella. Tiene una sonrisa, una expresión que me produce repulsión. En ningún momento consuman el acto de la manera que considero más clásica. Ella permanece totalmente pasiva, sólo él la toca. La toca continuamente y creo que la mitad del vídeo consiste en la imagen de la parte más íntima de ella junto a la boca y la lengua de él. Ahí es donde estoy casi segura que ella sujeta la cámara. En ningún momento emite sonidos de placer mientras el objetivo enfoca a sus partes íntimas totalmente rasuradas. Dicen que perdió la virginidad esa noche y que ellos son amigos. Dicen que el chico es gay y se confirma que tiene veinte años. Lo único que sé, si es que sé algo de todo esto, es que no queda ni rastro de la intimidad de ella en Vigo. O precisamente, quizá eso es lo que quede: el rastro de su intimidad en los móviles de todos los jóvenes de mi ciudad.
Pedro ha mandado el vídeo al hermano de la chica. Tiene que saberlo y denunciarlo. No me gustaría estar en la piel de ninguno de los dos.
El chico no para de repetir "¿te cunde, bebé?" cuando introduce sus dedos."¿Mucho?" Tiene un acento gallego irritante. No me puedo creer que esto haya llegado a mis manos. No he podido sacar grandes conclusiones, para ello tendría que volver a verlo y no voy a hacerlo. Después de estos tres minutos y la conversación de mis amigos, me siento alterada. Borro el vídeo, pero no puedo evitar tener grabado en la cabeza algo más que el impacto producido.
Mis amigos comentan por el grupo estupefactos, están tan sorprendidos como yo. El chico les da mucho asco. Me pregunto cuánto del porno que ven en sus casas es consentido. Probablemente mucho, aunque no todo. Ese porno no es más legal, tampoco necesariamente más ético. Este vídeo les da asco porque el contexto es diferente.
Me han surgido bastantes reflexiones después de esto. La industria del porno es otro campo del que no controlo ni un 1%; las seiscientas páginas del libro homónimo de Irvine Welsh han ayudado un poco, quizá fueron dos meses leyendo y leyendo. Tampoco controlo más de un 1% de matemáticas, por supuesto. Probablemente de historia, menos. No conozco ni un 1% del mundo; es tanto, y a la vez tan poco... Sólo sé que cuanto más sé más consciente soy de lo poco que sabemos.
Pero esto sólo fue lo que vi y viví cuando me levanté, a las dos del mediodía. A pesar de la hora, en mis días suceden tantas cosas que parecen tres.
Después de jugar al pádel por la tarde, fuimos a cenar fuera mi madre, mi tío, Ana, Mario y yo. Como de costumbre, después de una cena y una conversación muy agradable, surgió el tema de mis abuelos. Mi abuela, sus miedos, manías y contradicciones no dejan que mi abuelo viva. Mi abuelo es una prolongación de mi abuela y se niega a negarse a todos sus deseos. Algo se esconde dentro de la abuela, no quiere nada, todo son quejas y no quiere moverse, ni que mi abuelo lo haga. Mi abuelo, lleno de vitalidad y con la cabeza funcionando a las mil maravillas a sus ochenta y dos, deja que sus ganas de vivir vayan mermando junto a ella. Mi tío no puede soportar esto y no encuentra la solución. Todo lo resumen en cortarle el cuello u obligarla de algún modo a que deje a mi abuelo respirar sin ella de vez en cuando. El problema es que mi abuelo dejaría de respirar si se lo pidiera, sólo por la comodidad que supone no llevarle la contraria. Está cansado. Están cansados y agotan a cualquiera.
Volví a casa con la convicción que siento siempre de que yo lo puedo todo. Mañana hablaré con el abuelo y a la abuela le diré que traigo la palabra de Dios en un bote de cristal dorado que confirma que se va a morir igual, que viva; me gustaría que fuese sincera. "Abuela, ¿qué pasa?" Le diré a mi abuelo que me escriba un libro de arquitectura modernista. Le diré a mi otro tío que intervenga sólo como él sabe. Tiene que dejarla temblando. Las ondas sonoras tienen que llegar al corazón, como los tambores de las fiestas, por eso está gritando. Tiene que recordarlo.
Mi madre me dice que tengo que dejar de delirar. Les diré a todos que es mejor arrepentirse de lo que sí han hecho.
Ahora estoy bajo la ducha, donde cada gota es un pensamiento. Es la mejor forma de inspirarme, relajarme y perder la noción del tiempo. Bajo el agua y su envolvente sonido encuentro preguntas y respuestas, si coincide la pregunta con su respuesta es como acertar en el Memory.
Salgo de la ducha y miro el móvil por primera vez. Eso me hace acordarme del vídeo; me había olvidado por completo de sus imágenes a lo largo del día.
Veo la hora: las 3.20, no puedo creerlo. Intento hacer mis malabares mentales para descubrir qué estuve haciendo en el baño durante tanto tiempo. Mis dedos arrugados y el vapor en el techo del aseo indican que, como siempre, ha sido un ritual largo. Entré en la ducha a la 1.20, no es entendible. A los diez minutos, comentando con mi hermano soy consciente, de repente, de que han cambiado la hora. No han sido dos horas en el baño, sólo ha sido una. No existe el tiempo perdido. Existen los buenos hábitos, los malos, las manías, los errores y los aciertos. Es posible que la hermana de Andrés aprenda lo mismo que sufra de aquí a un tiempo... Es posible que el chico en cuestión arregle algún día lo que tenga pendiente consigo mismo. Quizá Marta no sea tan impulsiva la próxima vez. No sé qué será de mis abuelos, pero voy a hacer todo lo posible por saberlo y contribuiré con mi fuerza a que la balanza se incline hacia el lado que me parezca más conveniente para ellos, para todos. No puedo cambiar sus hábitos: aporto algo nuevo y espero reacciones. No, Einstein, no voy a hacer siempre lo mismo. Quiero resultados distintos.
domingo, 21 de febrero de 2016
Entropía
Escribo por amor al arte. Te creí mi inspiración, ahora brillas poco. Traigo la palabra de Dios en una botella que sube mi temperatura a sus grados de alcohol. Me sienta mal el humo, pero lo atrapo y pienso en eso de que nunca se vuelve a comprimir una vez que sale del cigarro. Es el desorden molecular de la entropía. Si esta indica desorden por definición, entonces no hay nada más entrópico que el nuevo Amazonas en mi cuarto. La tinta es la lluvia y por muchas nuevas tecnologías que se inventen, no logro renunciar al papel que acumulo.
Acaricio la realidad con las manos y sólo tiene ya espinas que clavar. Sigo buscando inspiración en lo cotidiano. A veces, en un descuido, recuerdo que un día vivimos un gran principio; es como si nos hubiésemos quedado atrapados en los diez primeros minutos de película, es como si viviésemos en el margen de la página ocho de un libro.
Escribo con el alma hundida en Lorazepam. Al día siguiente encontré tus ojos rojos entre el rocío en el césped y el vaho al soltar nuestro aire. Caminábamos entre quejas y pañuelos para sonarnos los mocos mientras nada dentro de mí permanecía hundido ya. Estaba tan bonito con el frío avergonzando su piel... En su voz siempre hay un abandono que me llena de ternura. Siento nostalgia de lo que nunca me ha rozado cuando él la convierte en algo audible.
Despierta. Las vidas posibles de Mr. Nobody. ¿Qué vas a hacer? Yo tampoco sé quién soy.
¿Cómo pueden los especialistas vivir con el peso del conocimiento de que tantas y tantas personas que pasan por sus consultas sufrieron maltrato infantil o sufren maltrato actualmente, tanto físico como psicológico? ¿Cómo se carga con el peso de una sociedad que vive sus miserias en silencio y viene a contártelas en secreto?
Molesta estar en malestar, mamá. Tengo miedo a ser ese especialista en salud mental, que me arrebaten la empatía o me hagan llorar cada noche.
Vivo tranquila, sin sobresaltos. No llegaré a tanto. Al fin y al cabo, sólo estoy viendo una película mientras pasan horas, días y semanas en las que cojo el libro equivocado y en vez de ampliar mis conocimientos sobre literatura en los países de habla germánica, me leo quinientas páginas sobre cocaína y cómo discretamente gobierna el mundo quien sabe moverla bien.
Me gusta crear, sacar conclusiones, mostrar resultados. No estoy aquí para memorizar las teorías y logros de otros. En el camino que quiero recorrer nadie ha plantado señales luminosas, si me pierdo no es casualidad. Tampoco mala señal. No hay mala señal. No hay señales. No hay humo. Cero Cero Cero ...
"Esto lo arregla el tiempo". Dejamos pasar mil oportunidades y nos hicimos viejos.
La palabra de Dios me ha nublado la vista y sin palabras me han dejado sus ojos. Para tener amor en la vida quizá haya que crear vida con amor... Yo doy gracias a mi familia por esta oportunidad tan grande para seguir amando.
Una vez que se expande el humo no vuelve a comprimirse. Una vez que explotas ya no puedes reunir todos los cachos. Después de un paso, nada vuelve a ser como antes. No se puede volver a atrás. No-se-puede...
Acaricio la realidad con las manos y sólo tiene ya espinas que clavar. Sigo buscando inspiración en lo cotidiano. A veces, en un descuido, recuerdo que un día vivimos un gran principio; es como si nos hubiésemos quedado atrapados en los diez primeros minutos de película, es como si viviésemos en el margen de la página ocho de un libro.
Escribo con el alma hundida en Lorazepam. Al día siguiente encontré tus ojos rojos entre el rocío en el césped y el vaho al soltar nuestro aire. Caminábamos entre quejas y pañuelos para sonarnos los mocos mientras nada dentro de mí permanecía hundido ya. Estaba tan bonito con el frío avergonzando su piel... En su voz siempre hay un abandono que me llena de ternura. Siento nostalgia de lo que nunca me ha rozado cuando él la convierte en algo audible.
¿Cómo pueden los especialistas vivir con el peso del conocimiento de que tantas y tantas personas que pasan por sus consultas sufrieron maltrato infantil o sufren maltrato actualmente, tanto físico como psicológico? ¿Cómo se carga con el peso de una sociedad que vive sus miserias en silencio y viene a contártelas en secreto?
Molesta estar en malestar, mamá. Tengo miedo a ser ese especialista en salud mental, que me arrebaten la empatía o me hagan llorar cada noche.
Vivo tranquila, sin sobresaltos. No llegaré a tanto. Al fin y al cabo, sólo estoy viendo una película mientras pasan horas, días y semanas en las que cojo el libro equivocado y en vez de ampliar mis conocimientos sobre literatura en los países de habla germánica, me leo quinientas páginas sobre cocaína y cómo discretamente gobierna el mundo quien sabe moverla bien.
Me gusta crear, sacar conclusiones, mostrar resultados. No estoy aquí para memorizar las teorías y logros de otros. En el camino que quiero recorrer nadie ha plantado señales luminosas, si me pierdo no es casualidad. Tampoco mala señal. No hay mala señal. No hay señales. No hay humo. Cero Cero Cero ...
"Esto lo arregla el tiempo". Dejamos pasar mil oportunidades y nos hicimos viejos.
La palabra de Dios me ha nublado la vista y sin palabras me han dejado sus ojos. Para tener amor en la vida quizá haya que crear vida con amor... Yo doy gracias a mi familia por esta oportunidad tan grande para seguir amando.
Una vez que se expande el humo no vuelve a comprimirse. Una vez que explotas ya no puedes reunir todos los cachos. Después de un paso, nada vuelve a ser como antes. No se puede volver a atrás. No-se-puede...
domingo, 24 de enero de 2016
El miedo a cómo me hace sentir el miedo
Cuando el conflicto se vuelve problema, el problema obsesión, la obsesión un mundo aparte. No importa que yo envíe razón, voluntad, esfuerzo; no importa que duela, que moleste, que impida; no importa si estoy paralizada, entusiasmada o triste, el miedo juega en otra liga de sordos que tampoco miran por donde pisan. El miedo juega conmigo, me juega malas pasadas y me impide desplegar estas alas mientras las oportunidades se van sin que yo tenga la mía para alcanzarlas.
Soy incapaz de ver venir a la siguiente ola en la dimensión de mis emociones.
¿Te parece bien una entrada por mes? Ya nadie te escribe -ya no escribes- Eres como Risto Mejide cuando tuvo la gran idea deBasta. Te balanceas otra vez.
Soy demasiado sensible al movimiento del mundo. Me marean sus continuas vueltas.
Dame una razón para levantar estas ganas de la cama, que se vistan de seda, se miren con cariño en el lavabo y emprendan con fuerza otra oportunidad llena de preguntas a juego con el desconcierto que hace vibrar mis insectos interiores, con un sonido melódico, claro y limpio, esculpiendo el interior rocoso de este metro sesenta de fe y de sed. El agua acelera desde los nudos de mi pelo hasta el de mi garganta, deshace con el tiempo los primeros y sólo el primero me quita del segundo, porque no hay enredo mayor que el que creo y creyendo en él no pienso en nada más, sólo me obsesiono. Y veo el "sí o no" en la palabra "obsesiono" y me sigo diciendo "o sí o no" m u y l e n t o . . . Mientras mi cuerpo cae rendido y no encuentra motivo por el que coger el sueño, agarrarlo y no soltarlo; este cerebro es el jugador número uno, no quiere apagarse. Pero sé que se me acaban las pilas y no he guardado la partida; mañana no tendré nada nuevo en la memoria, sólo miedo a cómo me hace sentir el miedo, como hielo frenando un barco, como esconder la mano por si la piedra existe.
Soy incapaz de ver venir a la siguiente ola en la dimensión de mis emociones.
¿Te parece bien una entrada por mes? Ya nadie te escribe -ya no escribes- Eres como Risto Mejide cuando tuvo la gran idea deBasta. Te balanceas otra vez.
Soy demasiado sensible al movimiento del mundo. Me marean sus continuas vueltas.
Dame una razón para levantar estas ganas de la cama, que se vistan de seda, se miren con cariño en el lavabo y emprendan con fuerza otra oportunidad llena de preguntas a juego con el desconcierto que hace vibrar mis insectos interiores, con un sonido melódico, claro y limpio, esculpiendo el interior rocoso de este metro sesenta de fe y de sed. El agua acelera desde los nudos de mi pelo hasta el de mi garganta, deshace con el tiempo los primeros y sólo el primero me quita del segundo, porque no hay enredo mayor que el que creo y creyendo en él no pienso en nada más, sólo me obsesiono. Y veo el "sí o no" en la palabra "obsesiono" y me sigo diciendo "o sí o no" m u y l e n t o . . . Mientras mi cuerpo cae rendido y no encuentra motivo por el que coger el sueño, agarrarlo y no soltarlo; este cerebro es el jugador número uno, no quiere apagarse. Pero sé que se me acaban las pilas y no he guardado la partida; mañana no tendré nada nuevo en la memoria, sólo miedo a cómo me hace sentir el miedo, como hielo frenando un barco, como esconder la mano por si la piedra existe.
lunes, 28 de diciembre de 2015
Hablándote en el desierto temblando.
Practico funambulismo lingüístico con el miedo a ser como el agua: transparente, sin color, sin sabor, simple. Vuelvo de nuevo dándole vueltas a lo mismo, caída en el abismo y de cabeza contra el miedo.
Es arrepentirse, pero repetir. Reflexiono sobre esto del placer del recuerdo frente al dolor de recordar. Abriendo los ojos, cerrándolos, abriéndolos…
De vuelta a Atenas, como Teseo, como los treinta tiranos. De trucos y tratos estamos hartos. Está triste entre barajes y trajes o triste a las 3 a.m. tiritando y tambaleándose. Tanto tonto trágico tratando de entender sin éxito mientras el tic-tac del reloj tiene al tiempo temblando. Veo que te cansa lo que estás haciendo y lo sigues haciendo. Veo talentos tenues, hastío y tedio. Tengo asuntos que no merecen mi pena entre las manos.
Busco necesitar necesidad como un necio. Sé que lo que un día fue miel hoy puede ser veneno, que lo que fue un paso de pronto es un abismo. Ahora mi cabeza es un puto templo hedonista y para matar a un solo pájaro necesito veinte tiros.
Me enseñaron a aprender jugando y aprendí. Ahora no sé a qué juego.
sábado, 21 de noviembre de 2015
Invierno
Vuelvo a casa y el hecho de que no sea Navidad sólo lo hace menos dulce. Escribo por la carretera, el frío hace que me imagine nieve, la nieve hace que me imagine cocaína y, en este punto, llego a un pensamiento doble: por una parte está C. Tangana con sus Bolsas también bajo los ojos, por otra estoy yo en el Avante con mi cara de felicidad por su culpa. Cada día mi mente es mitad presente y mitad recuerdos, o quizá más de la mitad. No vivo en el pasado, no es eso de "cualquier tiempo pasado fue mejor" (distorsionan esa realidad, el ayer no fue mejor aunque sus mentes hagan que piensen lo contrario). De repente el lunes es día de escribir de camino al supermercado más alejado para distraerme, es escuchar Avant Garde en busca de algo que me saque de la monotonía, a la caza de algo que me saque el corazón del pecho, lo mande de viaje y me lo traiga de vuelta, vivo. Vivo buscando con ansias pero feliz, encontrando lo que no buscaba. Voy de sorpresa en sorpresa y no me imagino nada mejor para mí.
Le veo a lo lejos, me alegra el día. Voy de expectativa a expectativa cumplida, me tiro porque me toca tirarme al vacío, mío, tocar fondo y salir a flote. Con los dedos de las manos cuento a quien se lo he contado y aun hoy me pregunto quién es importante aunque lo sé de sobra.
A 150 metros de la catedral, a 80 kilómetros de casa, a 20 minutos de casa a pie, de mi segunda casa. Dónde estás. En mi cabeza cambio la programación cuando quiero y ahora me entretengo imaginando qué estarás haciendo.
A veces cuando me despierto amanece un día en el que escucho el ruido de las sabanas, veo la belleza de las lámparas de casa, del camino empedrado a clase. La manera en que un escenario lluvioso altera las emociones y el privilegio de estar sentada en esta silla acolchada. A veces amanezco admirando la suavidad de mi pelo, la belleza de su imagen en mi mente, la virtud de estar pensando algo único, el puto derecho privilegiado del plato lleno que me pongo sobre la mesa compartida.
Desnuda ante tu arte escribo mejor. Tan sensitiva que el dolor me place, tan racional que el placer me duele. Contradicciones en mi cabeza como que si estoy cansada no descanso. Si observo absorbo. No me permite hacer un giro de 180 grados este alcohol de 40, pero no lo necesito. No miro atrás, camino hasta alcanzar lo que no es necesario pero exijo como oxígeno.
domingo, 25 de octubre de 2015
Santiago de Compostela.
La felicidad es el estado mental positivo que permanece cuando, a solas y libre de distracciones, te enfrentas a tu conciencia. Mi voluntad está sometida al morbo que me produce pensar "y si no, ¿qué? ¿Cómo acabará esto?" Soy yo frente a las consecuencias, cara a cara, sin intermediarios, sin padres, sin frenos, sin más guía que mi cabeza cansada de no sé qué y con otras necesidades que no son nutrirse de conocimientos que siento que en esta etapa no puedo llegar a interiorizar.
Santiago es salir un miércoles, escuchar la lluvia chocar contra el techo de nuestro patio, tomar café en los largos descansos de la facultad. Es darle una calada a un porro por exceso de sangría y escucharles decir“te olvidas de los problemas, problemas, cualquier problema”.. . Es Rúa Nova, Rúa Vella, la Plaza Roja. Que los jueves de madrugada no se quepa en el centro. Saber que pinta, mantener ebrios una conversación atípica y semiprofunda porque decir profunda impresiona. Rememorar un jueves lluvioso al mediodía lo que pasó el jueves anterior. Desear autocontrol pero ser consciente de que no es tu verdadero deseo. Intentar ser responsable y que la tentación lo cubra todo. Vuelvo. ¿Pintas? Yo no, pero te escucho. I can’t paint… Pero todo está manchado.
Santiago es salir un miércoles, escuchar la lluvia chocar contra el techo de nuestro patio, tomar café en los largos descansos de la facultad. Es darle una calada a un porro por exceso de sangría y escucharles decir“te olvidas de los problemas, problemas, cualquier problema”.. . Es Rúa Nova, Rúa Vella, la Plaza Roja. Que los jueves de madrugada no se quepa en el centro. Saber que pinta, mantener ebrios una conversación atípica y semiprofunda porque decir profunda impresiona. Rememorar un jueves lluvioso al mediodía lo que pasó el jueves anterior. Desear autocontrol pero ser consciente de que no es tu verdadero deseo. Intentar ser responsable y que la tentación lo cubra todo. Vuelvo. ¿Pintas? Yo no, pero te escucho. I can’t paint… Pero todo está manchado.
Delirium es una canción de Recycled J pero parece mía, como la Sala Capitol con esos raperos llenándola, mía... La sentía mía.
Ven Van Damme y dame la responsabilidad suficiente para no apagar el despertador y volver a quedarme dormida.
(Simplemente, aprende que si no lo haces tú, nadie lo hará por ti más de una vez).
(Simplemente, aprende que si no lo haces tú, nadie lo hará por ti más de una vez).
Santiago es superpoblación de estudiantes, turistas y lluvia.
Es cultura y vida nocturna. Es mía. La siento mía.
Es cultura y vida nocturna. Es mía. La siento mía.
Quiero hacer grandes cosas y estoy trabajando en ello, eso sí: a la velocidad a la que como, muy, muy lento... Mientras me imagino los ojos que quiero a escasos centímetros, llega el final del día y voy cerrando los míos, recordando por lo que voy pasando, dejando una miga de pan cada día, una hoja de papel en el suelo que sólo existe en mi cabeza y en mi habitación.
Eso de "Nunca te acostarás sin haber aprendido algo nuevo" nunca ha tenido tanto sentido. Estoy viviendo lo mejor de mí.
domingo, 27 de septiembre de 2015
Estoy en la facultad, perdiendo facultades.
El pecho se me está quedando helado, hace mucho que no prendo el fuego...
Catástasis —¿Tan pronto?
Ayer me acosté a las cuatro y veintidós, no habían pasado ni cuatro horas cuando sonó el despertador y ahora la estoy palmando de sueño.
Los días son experiencias sensoriales y extrasensoriales aun sin estar drogándote.— Me lo repito, pero no puedo evitar sentir este orgullo que me invade al acostarme con el pensamiento de "llevo diez días sin beber y cinco meses sin tomar pastillas". Y qué si estoy satisfecha. Aquí estoy, lo estoy.
No me quito de la cabeza el vídeo que vi esta tarde. Me enseñó que el camino para cumplir tus sueños es la experiencia más inolvidable y, aunque no llegues a alcanzar tu meta, harás grandes descubrimientos, ante todo sobre ti mismo, y conocerás personas que despertarán en ti lo que pocas pueden. No importa lo que muchos digan al respecto: amar es lo más puro y bello que existe. El amor es el Motor: el amor a uno mismo, amor a la familia, a los amigos, a la pareja, amor a los recuerdos, a las cosas, amor al arte... Sobra decir que éste último es uno de mis favoritos, pero cuántas veces habré dejado de lado el arte por un amigo o un familiar sin haberme arrepentido jamás. El arte está en los ojos del que mira (una gran parte) y no soy la misma sin el amor que recibo y entrego a todo lo demás.
No sé qué es lo que me sucede últimamente. No puedo pensar, no puedo escribir, no puedo hablar con claridad...
Con sabor a ron y caramelo a las seis de la tarde me pregunto por qué coño no puedo decirte algo bonito sin que suene intencionado, empalagoso y fuera de lugar. A qué juego estamos jugando. Necesito esforzarme y sólo pienso en divertirme.Es todo lo que hago. Cualquier otra cosa es desterrada de mi mente antes de que cuente cinco.
Catástasis —¿Tan pronto?
Se apaga solo.
Metástasis. Bajo.
Catarsis. Subo. Si escribo para alguien, me centro.
Ayer me acosté a las cuatro y veintidós, no habían pasado ni cuatro horas cuando sonó el despertador y ahora la estoy palmando de sueño.
Los días son experiencias sensoriales y extrasensoriales aun sin estar drogándote.— Me lo repito, pero no puedo evitar sentir este orgullo que me invade al acostarme con el pensamiento de "llevo diez días sin beber y cinco meses sin tomar pastillas". Y qué si estoy satisfecha. Aquí estoy, lo estoy.
No me quito de la cabeza el vídeo que vi esta tarde. Me enseñó que el camino para cumplir tus sueños es la experiencia más inolvidable y, aunque no llegues a alcanzar tu meta, harás grandes descubrimientos, ante todo sobre ti mismo, y conocerás personas que despertarán en ti lo que pocas pueden. No importa lo que muchos digan al respecto: amar es lo más puro y bello que existe. El amor es el Motor: el amor a uno mismo, amor a la familia, a los amigos, a la pareja, amor a los recuerdos, a las cosas, amor al arte... Sobra decir que éste último es uno de mis favoritos, pero cuántas veces habré dejado de lado el arte por un amigo o un familiar sin haberme arrepentido jamás. El arte está en los ojos del que mira (una gran parte) y no soy la misma sin el amor que recibo y entrego a todo lo demás.
No sé qué es lo que me sucede últimamente. No puedo pensar, no puedo escribir, no puedo hablar con claridad...
Con sabor a ron y caramelo a las seis de la tarde me pregunto por qué coño no puedo decirte algo bonito sin que suene intencionado, empalagoso y fuera de lugar. A qué juego estamos jugando. Necesito esforzarme y sólo pienso en divertirme.Es todo lo que hago. Cualquier otra cosa es desterrada de mi mente antes de que cuente cinco.
sábado, 15 de agosto de 2015
Yo te quiero como soy.
Abrí los ojos y desperté de mi sueño. Me dice que el sol sale igual aunque no suba la persiana. ¿No es triste tener una vida maravillosa y no poder dormir por tener pesadillas? Estoy a gusto cuando duermo. En mis sueños la vida es un sueño.
La sal de la vida, echarle aceite a la comida, bailar a oscuras, sentir que la atmósfera es tuya. Esta vez es tuya.
Enciendo la
lámpara y la pesadilla ha terminado. Existe un instante casi imperceptible
entre el momento en el que el mal sueño se apaga y el momento en el que vuelvo
en mí; en ese instante aún no comprendo dónde estoy, quién soy y cómo me tratan
los días. Es entonces cuando, durante aproximadamente una milésima de segundo,
me siento liberada.
Me pregunto, Irene, ¿por qué estás triste si ves el mar desde la ventana? A veces el cuerpo
te pide más y más y el corazón más y más y la mente más y más pero qué es la
arena sin la playa, qué es la brisa sin el mar, qué es el árbol sin su bosque.
Ya ves, un árbol solitario. Qué es mi cuerpo sin mí, eternamente encerrado en
un túnel sin luz, con el pelo alborotado y negro que más pronto que tarde
empezará a ser gris. Pero no será gris si no estoy. Qué es mi corazón sin mí.
Un corazón abandonado.
Perderse es la única opción para salir de este laberinto, hacia arriba como el agua cuando hierve. Me
evado, levito y estoy fuera. La roca en tu boca pide más. Me pregunto qué es lo que menos sentido tiene, si la arena sin la
playa, mi cuerpo sin mi alma o que esté triste mirando al mar. Si lo importante
es sentir algo...
No te sigo, digo, que no te entiendo, no
logro comprender adónde quieres llegar ni qué piensas ni por qué lo piensas ni
por qué no lo dices en voz alta. Me estoy volviendo loca.
Estoy en el cielo
porque estoy en las nubes. Me digo, si quieres amar despréndete de tu egoísmo.
Me dosifico como el Ventolín.
Yo amo a Muriel
y amo a mi hermano, amo a mi madre, amo lo que escribo, amo el agua de la que
bebo... ¿Alguna vez has caminado por la orilla sobre las huellas de otro?
¿Alguna vez...? ¿Recuerdas cuando tenías
quince años? ¿Recuerdas cuando tenías diez?
La belleza
exterior me entra por la retina y la recibe mi cabeza, la interior me la quedo
dentro del pecho y, con los ojos cerrados, la pienso en bucle y la siento. El
calor me ata una soga al cuello, como los compromisos. Siento que escapas de mí
como los pájaros de la tormenta.
domingo, 19 de julio de 2015
80 segundos en mi mente.
No es tan bueno lo que escribes como lo disfraza la euforia del momento, la euforia de acercarte a retratar con palabras el sentimiento y lo siento, lo siento, lo sentido es el pésame por alguien que no ha muerto pero estamos muriendo, digo, morimos día a día en la peor de las agonías porque no avanzamos y estamos rendidos antes de haber marcado un comienzo.
Lo vi cuando las llamas lo iluminaban y la belleza de la imagen quedó grabada en mi retina (por todo mi cuerpo, se extendió la magia). No hago lo que quiero, tampoco lo que debo. Alimento una imagen que los dieciocho están dispuestos a dar, pero yo no sé a qué estoy dispuesta y desconozco mi cupo de equivocaciones. La luz no me deja ver el túnel.
Noté la saliva ajena y desperté de mi sueño. Aquello no era un sueño. Con sutileza nos apartamos. No sé por qué tú, si yo no... Por qué ésto si yo no... No... No quiero esto.
Hoy vivo con el miedo a haberme acercado a quien no debía pero SÍ QUERÍA, y haberle dicho lo que quería y que le quería, porque no hay verdad más absoluta que la que digo más alto de la cuenta cuando estoy a punto de vomitar el corazón por culpa del Absolut. La marca se paga pero el cuerpo lo nota. Y yo quería notar tu cuerpo pero no estabas, otra vez no estabas... Sólo estaba yo.
Quiero contarte todo esto. Sí, un hombre en el que llorar. Me tienes, ¿no quieres lo que tienes? A veces uno tarda en darse cuenta. La mente viaja 8 días después del cuerpo y yo, yo me paso el día viajando entre mis propias nubes que no paro de pisar y pisar y pisar y destrozar... Nubes, cristales... Nada refleja el dolor mejor que la sangre, aunque sea un dolor por dentro, muchos quieren verse sangrar. Eso no va conmigo, nunca lo he entendido, nunca comprendí nada no comprendo no no no por qué me paro en
El estómago de vez en cuando se empeña en demostrarme que en mi organismo el alcohol aún existe. Estuve mal no estuvo mal voy mal me viste mal pero qué bien lo pasamos...
Beba lo que beba al final es el mismo sabor. A dos pasos de conseguirlo, nunca me vi tan cerca. Deja de idealizar -¿y entonces cómo vivo? ¿Pies en el suelo? Me gusta este juego.
Juego, ¿juegas? Apuesta por mí, Dostoyevski me escribió un buen libro. Relata que no estoy bien, lo dije, estoy mal voy mal tengo el mal en los zapatos... Vení a sacame las arenas de los pies o el humo de las lágrimas. Devuélveme las horas que no recuerdo. Me hubiese gustado otra noche (yo tenia el mando y le di al B) pero estuvo bien. Pasan los días y replay, replay...
domingo, 21 de junio de 2015
Esencias y escrituras automáticas (II).
James Joyce en mi mesita de noche, flores a mi abdomen, Muriel por todas partes, en todas partes, contigo. No aguanto un minuto más.
Quiero vivir, dar mi 100%, pero nunca es suficiente, siempre estoy cansada, cansada porque nunca es suficiente... La motivación es demasiado escasa.
Quiero unos labios que me hagan estar tranquila. La paz no tiene que ver con el exterior, esa dura un puto segundo. Arregla tus conflictos y busca tu paz, Dios no te va a guiar, no te va a salvar, te guiará tu propia voz, tu puta conciencia insana...
...
¡Por lo menos William Faulkner y James Joyce estarán en mi examen y sé hablar de la escritura automática además de hacerla! Quiero unas vacaciones que aún así me hagan sentir útil y un curso que no me haga sentir lo contrario. Vaya éxito. Qué fracaso. Nuestro éxito es un fracaso.
...
Sususueño Susi ven diles que sabes que dicen que quieres un Kinder Bueno!
Seguimos abrazadas a la aguja de los minutos que violentamente se mueve y arrastra consigo a nosotras y al tiempo.
...
Paro y resbalo, me contradigo, sigo y disparo porque no puedo, no debo parar, no quiero, ahora sí siento que fluyo y aunque no hago lo que debo, estoy bien y por eso sé que no me estoy equivocando...
...
Tenemos la edad que pensé que nunca tendríamos y yo unas ganas de llorar por esto que pensé que nunca sentiría.
Lo cierto es que echo raíces cada vez que camino y me riego con mis propias lágrimas.
Y sé que en algún momento dejaré de echar de menos, la historia se repetirá y el cambio continuará haciendo de las suyas. (Las agujas siguen dando las mismas vueltas, como yo hago).
...
Disfrazamos la libertad de verano. Nos estamos quedando ciegos pero ya no vemos la tele y no nos interesa el encerado así que doblemente ciegos, aquí seguimos.
...
Mantente fuera de mi alcance, como las mejores medicinas. Hablemos de la esclavitud de escribir.
Quiero vivir, dar mi 100%, pero nunca es suficiente, siempre estoy cansada, cansada porque nunca es suficiente... La motivación es demasiado escasa.
Quiero unos labios que me hagan estar tranquila. La paz no tiene que ver con el exterior, esa dura un puto segundo. Arregla tus conflictos y busca tu paz, Dios no te va a guiar, no te va a salvar, te guiará tu propia voz, tu puta conciencia insana...
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¡Por lo menos William Faulkner y James Joyce estarán en mi examen y sé hablar de la escritura automática además de hacerla! Quiero unas vacaciones que aún así me hagan sentir útil y un curso que no me haga sentir lo contrario. Vaya éxito. Qué fracaso. Nuestro éxito es un fracaso.
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Sususueño Susi ven diles que sabes que dicen que quieres un Kinder Bueno!
Seguimos abrazadas a la aguja de los minutos que violentamente se mueve y arrastra consigo a nosotras y al tiempo.
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Paro y resbalo, me contradigo, sigo y disparo porque no puedo, no debo parar, no quiero, ahora sí siento que fluyo y aunque no hago lo que debo, estoy bien y por eso sé que no me estoy equivocando...
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Tenemos la edad que pensé que nunca tendríamos y yo unas ganas de llorar por esto que pensé que nunca sentiría.
Lo cierto es que echo raíces cada vez que camino y me riego con mis propias lágrimas.
Y sé que en algún momento dejaré de echar de menos, la historia se repetirá y el cambio continuará haciendo de las suyas. (Las agujas siguen dando las mismas vueltas, como yo hago).
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Disfrazamos la libertad de verano. Nos estamos quedando ciegos pero ya no vemos la tele y no nos interesa el encerado así que doblemente ciegos, aquí seguimos.
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Mantente fuera de mi alcance, como las mejores medicinas. Hablemos de la esclavitud de escribir.
domingo, 31 de mayo de 2015
Esencias y escrituras automáticas.
Ya no eres esa niña rubia a mis ojos y dulce a los de todos. ¿Es cierto que ya somos mujeres, que no volveremos a ser niñas? Prepárate, porque al igual que el tiempo ha alzado tus pechos éstos muy pronto se sentirán atraídos por el suelo, tu pelo cambiará solo de color, tú no tendrás que hacerlo. Y dime, ¿qué habrás hecho hasta entonces?
...
Me arde y duele el lado izquierdo de la lengua. El perfil bueno queroseno Natos hazlo de nuevo y qué bueno, qué bueno mi mensaje para Asel en su día. Te quiero Muriel, te quiero. Mi clase una grande e indivisible como el ejército... Tengo respaldo en el resplandor de este sol, sol nos vemos los dos, nos vemos; adiós, adiós... Billy Boy, comiéndome la cabeza.
Skagboys, hispaboys... Iago hazme un favor y ayúdame. Te quiero.
En el centro una flor. Cetro, féretro. Deja de rimar Irene, deja de rimar, lo haces mal, mal, el mar tar-de de-dos dos somos nosotros, ven, báilsame Instimissimi, Jorge Escorial...
...
Estamos en Teis, ¿te acuerdas? No escucho el ruido de mis pensamientos porque otro ruido les supera. Y qué esperas. ¿Qué esperas del día de hoy, del de mañana? Los días son una espera infinita, hasta en tu último día, lo único que haces es esperar tu muerte. Hoy en un semáforo se me ocurrió pensar que paso mi tiempo caminando sobre nubes, huevos, cristales. Lo cierto es que somos peatones que en un semáforo en rojo no dudamos en buscar nuestro reflejo cuando el bus pasa a toda velocidad.
...
Me volveis loca. Llevais todo el curso volviéndome loca.
Esa mirada fría podría conquistar cualquier cosa.
Recuerdo mi cumpleaños, la clase de Román Raña. Nuestro 0 en filosofía, nuestros silencios cuando podíamos hablar, nuestra particular manía de hablar cuando no debemos.
Haz un esfuerzo por recordar. No sé cómo decirte que me tienes, joder, me tienes, ¿no me quieres? ¿No quieres lo que tienes? Me hubiese encantado haber bebido lo suficiente cuando sé que nos vimos y nos ignoramos. No te hubiese ignorado, ¿me hubieses ignorado? No sé, me gustas. Te debo mucho. Vales mucho y a veces creo que no puedes darte cuenta.
...
Cuando menos te lo esperas nace una flor en un puto desierto. Muriel, éste es nuestro desierto con mil y un espejismos y las flores, lo que estamos escribiendo. Miro mis zapatillas y pienso en los zapatos que me tiró mamá. Habían pisado Londres, había pisado Londres y es que una vez estuve tan lejos...
...
Me arde y duele el lado izquierdo de la lengua. El perfil bueno queroseno Natos hazlo de nuevo y qué bueno, qué bueno mi mensaje para Asel en su día. Te quiero Muriel, te quiero. Mi clase una grande e indivisible como el ejército... Tengo respaldo en el resplandor de este sol, sol nos vemos los dos, nos vemos; adiós, adiós... Billy Boy, comiéndome la cabeza.
Skagboys, hispaboys... Iago hazme un favor y ayúdame. Te quiero.
En el centro una flor. Cetro, féretro. Deja de rimar Irene, deja de rimar, lo haces mal, mal, el mar tar-de de-dos dos somos nosotros, ven, báilsame Instimissimi, Jorge Escorial...
...
Estamos en Teis, ¿te acuerdas? No escucho el ruido de mis pensamientos porque otro ruido les supera. Y qué esperas. ¿Qué esperas del día de hoy, del de mañana? Los días son una espera infinita, hasta en tu último día, lo único que haces es esperar tu muerte. Hoy en un semáforo se me ocurrió pensar que paso mi tiempo caminando sobre nubes, huevos, cristales. Lo cierto es que somos peatones que en un semáforo en rojo no dudamos en buscar nuestro reflejo cuando el bus pasa a toda velocidad.
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Me volveis loca. Llevais todo el curso volviéndome loca.
Esa mirada fría podría conquistar cualquier cosa.
Recuerdo mi cumpleaños, la clase de Román Raña. Nuestro 0 en filosofía, nuestros silencios cuando podíamos hablar, nuestra particular manía de hablar cuando no debemos.
Haz un esfuerzo por recordar. No sé cómo decirte que me tienes, joder, me tienes, ¿no me quieres? ¿No quieres lo que tienes? Me hubiese encantado haber bebido lo suficiente cuando sé que nos vimos y nos ignoramos. No te hubiese ignorado, ¿me hubieses ignorado? No sé, me gustas. Te debo mucho. Vales mucho y a veces creo que no puedes darte cuenta.
...
Cuando menos te lo esperas nace una flor en un puto desierto. Muriel, éste es nuestro desierto con mil y un espejismos y las flores, lo que estamos escribiendo. Miro mis zapatillas y pienso en los zapatos que me tiró mamá. Habían pisado Londres, había pisado Londres y es que una vez estuve tan lejos...
domingo, 19 de abril de 2015
Más que Xanax son ganas (y pierdo, si me apuras).
La sangre fluye por mis venas como agua en los ríos de cualquier montaña y cuando por fin llego, cuando por fin cojo el bolígrafo, yo misma me convierto en el folio en blanco. Tienes que escribirme.
Te quiero para no dormir cuando no duermas, para observarte cuando el sueño sí te invada. Te quiero por esa magia que se extiende por todo mi ser y reside en tu saliva que cura mis labios; ni el frío ni las lágrimas amenazan ya con herirlos.
Si tropiezo no me caigo, me agarras, me salvas una vez más.
Tengo los pies fríos pero no paro de moverlos en círculos, como los gatos sus colas cuando están contentos.
El efecto post-efecto, qué bien lo conozco y qué bien se me da olvidarlo. La amnesia anterógrada me hace sentir con aún más frecuencia que todo es un sueño.
Qué bien estoy hoy, no quiero que sea el Xanax. Quiero que sea que sé querer y quiero, que veo la luz por fin y no me obsesiono con ver mucho más, como siempre hago.
Estoy inspirada y llena de entusiasmo. Soy energía positiva, locura transitoria, me ahogan las ganas de amar a los míos, a las mías, las ahogo en un abrazo sincero y comparto palabras que deberíamos decirnos más.
Quiero que cada persona que en este puto aula me aguanta día a día, sepa que le he cogido un cariño que creí inconfesable y sin embargo hoy confieso. Siento que nuestros días aquí se nos escapan como agua entre las manos, nos queda tanto por decir... Una vez estábamos sentados en estas sillas verdes y nos conocimos; ahora: complicidad mutua, como compartidos son también los tragos amargos.
Gracias a mi terraza, por ser escenario de todo lo bueno, inhabilitada últimamente por superpoblación de lluvia.
Soy honesta, pero le doy vueltas y vueltas y vueltas, no soy directa, me gusta escribir en espiral.
Dentro de mí es primavera, pero allí fuera siempre dicen que es diciembre.
(Vivo en un bucle, pero por lo menos me muevo, no te estanques).
Ay Muriel, ojalá algún día conozcas este sentimiento de serenidad profunda y absoluta. Ojalá por otras causas. Ojalá nunca por los mismos medios que los míos.
Tengo los mofletes sonrosados, la piel muy suave y sin ojeras, mis ojos despiertos, pero no del todo, se entrecierran. El Lorazepam ya se habrá retirado pero todavía quedan restos de su efecto y no se avecina ni a dos manzanas la necesidad de más. He dormido tres horas y sigo teniendo ganas. Me siento como si me acabasen de hacer el amor tres veces.
Te quiero para no dormir cuando no duermas, para observarte cuando el sueño sí te invada. Te quiero por esa magia que se extiende por todo mi ser y reside en tu saliva que cura mis labios; ni el frío ni las lágrimas amenazan ya con herirlos.
Si tropiezo no me caigo, me agarras, me salvas una vez más.
Tengo los pies fríos pero no paro de moverlos en círculos, como los gatos sus colas cuando están contentos.
El efecto post-efecto, qué bien lo conozco y qué bien se me da olvidarlo. La amnesia anterógrada me hace sentir con aún más frecuencia que todo es un sueño.
Qué bien estoy hoy, no quiero que sea el Xanax. Quiero que sea que sé querer y quiero, que veo la luz por fin y no me obsesiono con ver mucho más, como siempre hago.
Estoy inspirada y llena de entusiasmo. Soy energía positiva, locura transitoria, me ahogan las ganas de amar a los míos, a las mías, las ahogo en un abrazo sincero y comparto palabras que deberíamos decirnos más.
Quiero que cada persona que en este puto aula me aguanta día a día, sepa que le he cogido un cariño que creí inconfesable y sin embargo hoy confieso. Siento que nuestros días aquí se nos escapan como agua entre las manos, nos queda tanto por decir... Una vez estábamos sentados en estas sillas verdes y nos conocimos; ahora: complicidad mutua, como compartidos son también los tragos amargos.
Gracias a mi terraza, por ser escenario de todo lo bueno, inhabilitada últimamente por superpoblación de lluvia.
Soy honesta, pero le doy vueltas y vueltas y vueltas, no soy directa, me gusta escribir en espiral.
Dentro de mí es primavera, pero allí fuera siempre dicen que es diciembre.
(Vivo en un bucle, pero por lo menos me muevo, no te estanques).
Ay Muriel, ojalá algún día conozcas este sentimiento de serenidad profunda y absoluta. Ojalá por otras causas. Ojalá nunca por los mismos medios que los míos.
Tengo los mofletes sonrosados, la piel muy suave y sin ojeras, mis ojos despiertos, pero no del todo, se entrecierran. El Lorazepam ya se habrá retirado pero todavía quedan restos de su efecto y no se avecina ni a dos manzanas la necesidad de más. He dormido tres horas y sigo teniendo ganas. Me siento como si me acabasen de hacer el amor tres veces.
sábado, 21 de marzo de 2015
Entre mi cabeza y el presente, espada y espalda.
Duermo poco y todo son voces, ruido; me imagino en una playa, enterrada en la arena hasta el cuello y transformo este ruido en el de las olas, un sonido con el que no se puede competir. Entonces, allí, siento que es el mejor momento para escribir, con las manos enterradas, inmovilizadas, sin folio, sin bolígrafo, sin nada. Solos el mar y yo, pero mi cabeza, como siempre, parecía el escenario de un vulgar debate de Telecinco y ni el mar ni sus olas pudieron hacer nada para evitar que, una vez más, los problemas más absurdos y a la vez más complicados, se enredasen en mi cabeza como el cable de mis cascos. Dejé de estar en la playa, junto al mar; no había estado allí, de hecho, nunca estoy donde estoy hasta que dejo de estarlo.
Los anuncios de plataformas en las que corrigen tus textos y se comprometen a ayudarte a pulir tu técnica están cerca de hacerme reír. Ya no sabemos dónde rascar para sacar dinero. Nadie sabe mejor que tú lo que quisiste expresar y cómo, no dejes que lo transformen. Se mejora a base de experiencia: si quieres nadar mejor tienes que nadar, si quieres estudiar mejor tienes que estudiar, si quieres jugar mejor tendrás que jugar, si quieres escribir no dejes de hacerlo.
Soy como los mejores rappers en mi cama, escribiendo las mejores frases en mi cabeza y creyéndome que las recordaré por la mañana. No las escribo al momento, estoy demasiado cansada. Lo único que tengo al despertar es la anécdota de que ayer soñé que escribía el mejor párrafo, un párrafo que te hacía llorar y hoy no tengo nada, salvo la ambición de seguir persiguiendo ese sueño.
La primavera está a punto de caer sobre mis folios, los días se alargan y yo, como dijo Heráclito, nunca me baño en el mismo río, quiero fluir: fluyo. A mis hormonas les están saliendo flores y a mi paciencia una sala de espera; no necesito que escribas, ¿te gusta lo que lees? Al mejor futbolista me basta con verle jugar, para valorarlo no necesito un balón y saltar al campo.
Los anuncios de plataformas en las que corrigen tus textos y se comprometen a ayudarte a pulir tu técnica están cerca de hacerme reír. Ya no sabemos dónde rascar para sacar dinero. Nadie sabe mejor que tú lo que quisiste expresar y cómo, no dejes que lo transformen. Se mejora a base de experiencia: si quieres nadar mejor tienes que nadar, si quieres estudiar mejor tienes que estudiar, si quieres jugar mejor tendrás que jugar, si quieres escribir no dejes de hacerlo.
Soy como los mejores rappers en mi cama, escribiendo las mejores frases en mi cabeza y creyéndome que las recordaré por la mañana. No las escribo al momento, estoy demasiado cansada. Lo único que tengo al despertar es la anécdota de que ayer soñé que escribía el mejor párrafo, un párrafo que te hacía llorar y hoy no tengo nada, salvo la ambición de seguir persiguiendo ese sueño.
La primavera está a punto de caer sobre mis folios, los días se alargan y yo, como dijo Heráclito, nunca me baño en el mismo río, quiero fluir: fluyo. A mis hormonas les están saliendo flores y a mi paciencia una sala de espera; no necesito que escribas, ¿te gusta lo que lees? Al mejor futbolista me basta con verle jugar, para valorarlo no necesito un balón y saltar al campo.
domingo, 1 de marzo de 2015
Ya ha pasado todo.
El peor momento de mi vida duró casi un año. Doy gracias a mi cabeza, por permitirme narrar la historia con un dolor paliado por el tiempo, un dolor asimilado y superado por el alivio de un sincero "ya ha pasado todo".
A mi madre no la tratamos como a una reina, no la tratamos como merecía. Siento que no merezco nada después de esto, pero quizá en mi situación pocos hubiesen actuado de distinta manera. Estábamos llenos de rabia, de tristeza, de amargura, de "por qué a nosotros, por qué a ella", de dolor. No sabíamos tratar bien a nada ni a nadie porque estábamos hechos trizas... La mirabas y querías arrancarle de dentro eso que tanto daño le hacía. Por supuesto que no la tomabas con ella, pero la desesperación impedía verlo todo de color de rosa y nunca fuimos capaces de animar con gestos y palabras. Tan sólo intentábamos hacer la vida un poco más fácil para todos, con movimientos cansados, intentando que no le faltase de nada, que tuviese fuerzas. Pero incluso entonces, mamá, parecía que eras tú la que más fuerzas tenía, la que más hacía por todos nosotros...
El cáncer fue nuestro dictador. Le teníamos miedo, pánico, nunca pronunciábamos su nombre. Lo odiábamos en silencio y sentíamos como si nos estuviese apuntando con un arma en la sien constantemente.
Querías abrazarla y decirle que la querías por si se iba. Pero no podías. Eso sería aceptar que algo malo estaba pasando y que algo peor podría pasar. Nos conformábamos con mantener el silencio, el orden y la calma. Nuestras vidas de repente se convirtieron en rutinas tranquilas en las que nadie se reía y si lo hacía, era con una amargura imposible de disimular.
Doy gracias a mi madre, por superar una enfermedad tan dura. Gracias a mi cabeza de nuevo, por permitirme escuchar incluso de mis propios labios la palabra 'cáncer' con la única consecuencia de una pequeña punzada en el pecho o en el estómago. Gracias a la ciencia. Gracias a esta enfermedad, por desaparecer de nuestras vidas y enseñarnos, aun con tanto dolor, el valor de la vida grabado a fuego. Fue tan duro aprender de la experiencia que sé que nunca podremos olvidar. Ahora por las noches cierro los ojos y respiro de otra manera, y es que estamos aquí, juntos, vivos y sabemos valorarlo aunque nos tiremos los trastos a la cabeza ocho de cada siete días.
Antes de cerrar los ojos, cada noche pienso en algún problema y acabo durmiendo en paz, porque nunca ninguno fue tan grave como el de la historia del peor momento de mi vida. Doy las gracias porque a día de hoy se terminó. Sin embargo, el momento más feliz de mi vida sigue durando, lleva durando muchos años, y es el poder discutir con mi madre, contarle cosas, escuchar sus consejos, sus críticas, sus riñas, sus gestos de cariño, su risa, sabiendo que está sana, SANA, y valorando cada vez que entra por la puerta y habiéndola achuchado cada vez que sale. Mostrar afecto cuando te desprecias y desprecias el mundo que te rodea es tan, tan difícil... Sigo creyendo en tu omnipotencia porque me la demuestras con creces y quiero darte más alegrías que disgustos, mamá, tantas y tantas veces hacerme daño a mí significa hacerte daño a ti que yo no quiero que así sea, pero así es...
A mi madre no la tratamos como a una reina, no la tratamos como merecía. Siento que no merezco nada después de esto, pero quizá en mi situación pocos hubiesen actuado de distinta manera. Estábamos llenos de rabia, de tristeza, de amargura, de "por qué a nosotros, por qué a ella", de dolor. No sabíamos tratar bien a nada ni a nadie porque estábamos hechos trizas... La mirabas y querías arrancarle de dentro eso que tanto daño le hacía. Por supuesto que no la tomabas con ella, pero la desesperación impedía verlo todo de color de rosa y nunca fuimos capaces de animar con gestos y palabras. Tan sólo intentábamos hacer la vida un poco más fácil para todos, con movimientos cansados, intentando que no le faltase de nada, que tuviese fuerzas. Pero incluso entonces, mamá, parecía que eras tú la que más fuerzas tenía, la que más hacía por todos nosotros...
El cáncer fue nuestro dictador. Le teníamos miedo, pánico, nunca pronunciábamos su nombre. Lo odiábamos en silencio y sentíamos como si nos estuviese apuntando con un arma en la sien constantemente.
Querías abrazarla y decirle que la querías por si se iba. Pero no podías. Eso sería aceptar que algo malo estaba pasando y que algo peor podría pasar. Nos conformábamos con mantener el silencio, el orden y la calma. Nuestras vidas de repente se convirtieron en rutinas tranquilas en las que nadie se reía y si lo hacía, era con una amargura imposible de disimular.
Doy gracias a mi madre, por superar una enfermedad tan dura. Gracias a mi cabeza de nuevo, por permitirme escuchar incluso de mis propios labios la palabra 'cáncer' con la única consecuencia de una pequeña punzada en el pecho o en el estómago. Gracias a la ciencia. Gracias a esta enfermedad, por desaparecer de nuestras vidas y enseñarnos, aun con tanto dolor, el valor de la vida grabado a fuego. Fue tan duro aprender de la experiencia que sé que nunca podremos olvidar. Ahora por las noches cierro los ojos y respiro de otra manera, y es que estamos aquí, juntos, vivos y sabemos valorarlo aunque nos tiremos los trastos a la cabeza ocho de cada siete días.
Antes de cerrar los ojos, cada noche pienso en algún problema y acabo durmiendo en paz, porque nunca ninguno fue tan grave como el de la historia del peor momento de mi vida. Doy las gracias porque a día de hoy se terminó. Sin embargo, el momento más feliz de mi vida sigue durando, lleva durando muchos años, y es el poder discutir con mi madre, contarle cosas, escuchar sus consejos, sus críticas, sus riñas, sus gestos de cariño, su risa, sabiendo que está sana, SANA, y valorando cada vez que entra por la puerta y habiéndola achuchado cada vez que sale. Mostrar afecto cuando te desprecias y desprecias el mundo que te rodea es tan, tan difícil... Sigo creyendo en tu omnipotencia porque me la demuestras con creces y quiero darte más alegrías que disgustos, mamá, tantas y tantas veces hacerme daño a mí significa hacerte daño a ti que yo no quiero que así sea, pero así es...
domingo, 1 de febrero de 2015
Panorámica del presente.
Odio todo esto de fingir que nos va bien, que no dudamos, que somos personas seguras de sí mismas. Deja de fingir afuera, sincerémonos aquí dentro, nos parecemos tanto que me dan escalofríos...
Me repito. Sueño con unos labios y temo al frío que estropea los míos. El calor de la calefacción y la aspiradora, tan incompatibles, se mezclan en el ambiente. Estamos limpiando la casa porque mi primo vuelve. Estoy segura de que seremos los mejores anfitriones y se irá de aquí con la imagen de un hogar en el que sus tíos y primos siempre están juntos, no suelen gritarse, se comunican, respiran amor y paz. La verdad es que pagamos nuestro mal humor los unos con los otros, peleamos y cuanto menos nos cruzamos, cuanto menos tiempo al día pasamos juntos, mejor. Nos va a costar mantener la compostura una semana. Nos queremos y eso es lo que nos salva y nos hunde al mismo tiempo.
Fuera todo va bien. No me dedico a fingir, respiro aire puro y me siento mejor que nunca. Es la segunda noche del año en la que celebramos el paso a la mayoría de edad de un amigo. Todo son porros y condones. Ya no me siento apartada por esto. Siempre hay alguien más que no y juntos nos preguntamos de dónde sale tanto dinero para cada uno de los vicios.
Te quiero igual con un porro en la mano, te miro a los ojos y sigues siendo aquel niño; duele, pero es una punzada de dolor que dura un instante y se va. Eres aquel niño y este hombre y te quiero así, por este tiempo que se nos escapa entre los dedos y mil motivos que no son tan importantes.
Se introducen algunas caras nuevas y es agradable, como cuando pruebas a hacer algo nuevo y lo disfrutas, pero siempre te ha gustado escribir y vuelves, vuelves a escribir porque nunca vas a dejar de querer hacerlo.
Nunca sustituiré por una nueva compañía a alguien que me ha visto crecer.
En mi último año de instituto todo es ansiedad y lágrimas. Supongo que los adultos no dejan de llorar: aprenden a admitir que lo necesitan.
Sigo sin encontrar a nadie, sigo sin saber buscarlo, veo unos ojos bonitos y una voz amable y a veces dudo. Pero ni yo soy el Ulises de James Joyce ni tú mi Odisea que nada tiene que ver con el libro que estoy leyendo.
No asisto a clase, subo a la terraza que me salva los días con dos abrigos y siempre frío, frío, frío. Los que tienen que saberlo lo saben: si tienes fiebre, en vez de un trapo mojado puedes usar mis manos.
"Vamos a analizar la siguiente foto panorámica que presenta un paisaje industrial..." Coloco el trabajo copiado y a medias encima de este folio y me engaño. Soy la siguiente. Diecisiete años y trescientos cincuenta y seis días. No sé qué es lo que está pasando.
Me repito. Sueño con unos labios y temo al frío que estropea los míos. El calor de la calefacción y la aspiradora, tan incompatibles, se mezclan en el ambiente. Estamos limpiando la casa porque mi primo vuelve. Estoy segura de que seremos los mejores anfitriones y se irá de aquí con la imagen de un hogar en el que sus tíos y primos siempre están juntos, no suelen gritarse, se comunican, respiran amor y paz. La verdad es que pagamos nuestro mal humor los unos con los otros, peleamos y cuanto menos nos cruzamos, cuanto menos tiempo al día pasamos juntos, mejor. Nos va a costar mantener la compostura una semana. Nos queremos y eso es lo que nos salva y nos hunde al mismo tiempo.
Fuera todo va bien. No me dedico a fingir, respiro aire puro y me siento mejor que nunca. Es la segunda noche del año en la que celebramos el paso a la mayoría de edad de un amigo. Todo son porros y condones. Ya no me siento apartada por esto. Siempre hay alguien más que no y juntos nos preguntamos de dónde sale tanto dinero para cada uno de los vicios.
Te quiero igual con un porro en la mano, te miro a los ojos y sigues siendo aquel niño; duele, pero es una punzada de dolor que dura un instante y se va. Eres aquel niño y este hombre y te quiero así, por este tiempo que se nos escapa entre los dedos y mil motivos que no son tan importantes.
Se introducen algunas caras nuevas y es agradable, como cuando pruebas a hacer algo nuevo y lo disfrutas, pero siempre te ha gustado escribir y vuelves, vuelves a escribir porque nunca vas a dejar de querer hacerlo.
Nunca sustituiré por una nueva compañía a alguien que me ha visto crecer.
En mi último año de instituto todo es ansiedad y lágrimas. Supongo que los adultos no dejan de llorar: aprenden a admitir que lo necesitan.
Sigo sin encontrar a nadie, sigo sin saber buscarlo, veo unos ojos bonitos y una voz amable y a veces dudo. Pero ni yo soy el Ulises de James Joyce ni tú mi Odisea que nada tiene que ver con el libro que estoy leyendo.
No asisto a clase, subo a la terraza que me salva los días con dos abrigos y siempre frío, frío, frío. Los que tienen que saberlo lo saben: si tienes fiebre, en vez de un trapo mojado puedes usar mis manos.
"Vamos a analizar la siguiente foto panorámica que presenta un paisaje industrial..." Coloco el trabajo copiado y a medias encima de este folio y me engaño. Soy la siguiente. Diecisiete años y trescientos cincuenta y seis días. No sé qué es lo que está pasando.
sábado, 10 de enero de 2015
Mi musa viene de Oriente y no existe.
Comienzo el año de rojo, no como Cristina Pedroche. Me busco en el espejo y creo encontrarme cuando otros me dicen: "te veo distinta" y qué sabrán ellos de distinguir, qué sabrán ellos de distinción.
Hoy los niños son mucho más espabilados, manejan móviles y vocabulario obsceno con diez años, pero siguen creyendo en los Reyes Magos.
Recuerdo mi vida desmoronándose cuando, caminando cerca del ayuntamiento con seis años, mamá cedió ante tanta insistencia y nos lo confesó. Mi hermano, de ocho, lloró durante dos días. Yo tenía el corazón roto por primera vez.
Y aquí estoy, con el regalo que le he comprado a mamá entre mis manos y un débil rencor latente que se difumina porque te quiero, porque te amo, mamá.
¿Qué será de mí este año, con mi mayoría de edad, mi sueños sin cumplir, desnuda de propósitos y sin ganas de subirme a los pocos trenes que se paran aunque sea unos segundos a esperarme? Me imagino mi cuenta atrás, treinta y cinco días, ¿qué he hecho hasta ahora? He sido tan poco impulsiva, tan poco trágica. Me recuerdo siendo una cría en el parque de la Seara donde no quería subirme a no sé qué cosa por miedo a romperme la cabeza.
Me han faltado besos, me ha faltado el amor típico y no tan típico de verano, me ha faltado estar colocada con mis amigas de madrugada, me ha faltado bailar, me ha faltado alcohol, joder, ¿quién puede decir eso a estas alturas?
A mi edad los Reyes regalan resacas en vez de carbón. Yo les pido un buen año con un puñado de sorpresas agradables que me proporcionen aire fresco, risas de las que ahogan, conocimiento a base de experiencia y mucho, mucho amor que me empalague en secreto.
Yo ponía agua a vuestros camellos y mi padre me hacía el favor de bebérsela...
Ojalá los Reyes de España fuesen imaginarios y no los de Oriente. ¿Qué pintan los Reyes en mi texto? Lo mismo que monarcas en el país.
Traedme algo de musa, por favor. Demasiados ya parecen un cine de sesión continua.
Hoy los niños son mucho más espabilados, manejan móviles y vocabulario obsceno con diez años, pero siguen creyendo en los Reyes Magos.
Recuerdo mi vida desmoronándose cuando, caminando cerca del ayuntamiento con seis años, mamá cedió ante tanta insistencia y nos lo confesó. Mi hermano, de ocho, lloró durante dos días. Yo tenía el corazón roto por primera vez.
Y aquí estoy, con el regalo que le he comprado a mamá entre mis manos y un débil rencor latente que se difumina porque te quiero, porque te amo, mamá.
¿Qué será de mí este año, con mi mayoría de edad, mi sueños sin cumplir, desnuda de propósitos y sin ganas de subirme a los pocos trenes que se paran aunque sea unos segundos a esperarme? Me imagino mi cuenta atrás, treinta y cinco días, ¿qué he hecho hasta ahora? He sido tan poco impulsiva, tan poco trágica. Me recuerdo siendo una cría en el parque de la Seara donde no quería subirme a no sé qué cosa por miedo a romperme la cabeza.
Me han faltado besos, me ha faltado el amor típico y no tan típico de verano, me ha faltado estar colocada con mis amigas de madrugada, me ha faltado bailar, me ha faltado alcohol, joder, ¿quién puede decir eso a estas alturas?
A mi edad los Reyes regalan resacas en vez de carbón. Yo les pido un buen año con un puñado de sorpresas agradables que me proporcionen aire fresco, risas de las que ahogan, conocimiento a base de experiencia y mucho, mucho amor que me empalague en secreto.
Yo ponía agua a vuestros camellos y mi padre me hacía el favor de bebérsela...
Ojalá los Reyes de España fuesen imaginarios y no los de Oriente. ¿Qué pintan los Reyes en mi texto? Lo mismo que monarcas en el país.
Traedme algo de musa, por favor. Demasiados ya parecen un cine de sesión continua.
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