Despacio.Nunca es demasiado tarde, nunca un texto es demasiado largo, nunca hay demasiada prisa.
Encuentra el olor, el sabor, la imagen. Encuentra el mensaje.
Escribo mi película, tú lees mis líneas y ves la tuya.

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sábado, 13 de septiembre de 2014

Agosto me pierde, en septiembre estoy perdida...

Busco la belleza en unos ojos distintos a los míos porque, siendo de las personas que no somos capaces de valorar nuestra propia belleza, la acabo buscando en ojos ajenos y encontrándola en unos que se parecen a los míos, refugiándome inconscientemente en la esperanza de llegar a quererme lo mismo.

Nunca me verás con los labios pintados, sin ojeras y con el pelo perfectamente peinado. Soy más de rendirme al quinto nudo que encuentre el peine y cuantas más horas duermo, más probabilidades hay de que te mantenga la mirada.

Tengo la manía de levantarme tarde, llegar tarde, comer tarde, dormir tarde. La de beber café por las mañanas aunque sienta que me perfora el estómago. La de cabrearme conmigo misma y pagarlo con mi productividad o con los demás. La de planear más de lo que puedo llegar a hacer. Las tengo todas.

Me gusta no preocuparme nunca más de mis uñas como antes, arreglármelas con los dientes.
Me enciende tu mirada fría y tu apariencia imperturbable que se deshace cuando te trato como si no quisieses parecer el lobo de Caperucita. Digo y hago cualquier tontería con tal de no tener que soportar una de tus preguntas dulces, cargadas de buenas intenciones.

Rezo sin creer ni en mí para que a alguien le atraiga mi desencanto como a mí el ajeno. Después de minutos y más minutos frente al espejo me rindo y sigo teniendo esta cara de sueño que no se me quita ni con esas once horas que duermo del tirón cada sábado.

Saboreo el vértigo que siento cuando veo cómo los que siempre estuvieron cerca ahora tienen que irse, cómo se van a estudiar fuera aquellos con los que compartí un lugar, cómo mis amigas están tan cerca del volante, como le sucedió a nuestros hermanos y nuestra incredulidad era la misma. Ahora esos hermanos estudian o trabajan o lo intentan y este vértigo me sigue acompañando y es, precisamente, lo que me hace sentir viva...

domingo, 3 de agosto de 2014

A mi hermano, el que emigra.

Aún hay cuatro sillas en la mesa y nos empeñamos en decir que una es para invitados. Mamá anhela tu vuelta desde el día en que te fuiste y desea lo mejor para ti mientras no estés aquí. Quiere que te comas el mundo, confía en ti. Intenta callar una voz interior que le dice que si no te va del todo bien, volverás. Intenta callarla pero yo la escucho. Sé que durante unos instantes le gusta esa idea, pero enseguida la cambia por ese otro pensamiento que dice "lo que tenga que ser, será y será bienvenido" y volvemos a respirar paz y rutina, el oxígeno particular de nuestro hogar.

Hace ya cinco meses que te fuiste. Los recuerdos no me hacen daño y por extraño que parezca no te extraño tanto como para que me dañe tu recuerdo y ausencia. Ambos sabemos que nos llevamos mejor separados, sin gritos ni peleas y es que, al no estar aquí, puedo contarte mis días y sentir que los comprendes mejor que nadie.
Me da miedo esto de quererte lejos con la excusa de querer quererte más. Siento que te quiero pero no te necesito. Ya nadie vacía la nevera ni me arrebata la inspiración con música de pocas luces en la pista y pocas luces en la cabeza. Ya nadie hace ruido, tampoco compañía, pero hay que elegir. La vida sin ti es más cómoda, pero sólo más cómoda. Supe afrontar el cambio: una infancia y media adolescencia contigo, me toca vivir la otra media sin ti.

Nos estamos acostumbrando a que todos a nuestro alrededor tengan que irse, a buscarnos la vida fuera de aquí. Cada vez nos lo ponen más fácil, baja el precio del roaming, nos hacemos Skype y nos sentimos cerca. Nos comunicamos más por Internet que en persona. Es lo que más me entristece, el retorcimiento del uso. Tengo amigas que viven a una manzana de aquí y nos hablamos más por WhatsApp que a la cara. Algunos se van un año a estudiar fuera y ni se nota.
Volvamos a lo que somos, sentados en un banco o en un bar, pero mirándonos a los ojos. Parece mentira, pero echo de menos mirar y no ver letras y, aunque me cueste admitirlo, sé que no es lo único que echo de menos.

domingo, 29 de junio de 2014

En otro intento de ordenar mi cabeza.

Estoy bloqueada, algo me obliga a ponerle freno a la inspiración que intenta tocarme, a la creatividad que intenta salir a la superficie. No escribas, mañana tienes un examen. No escribas, ya son las dos de la mañana. No escribas, llegarás tarde.
No escribas.
Estoy harta, cansada, necesito reponer combustible. Estoy triste. ¿Lo estoy? Suena tan débil, tan "necesito que alguien me cuide", que alguien me abrace...
Sólo necesitaba esto. Llorar silencio. Escribir un poco.
Qué soy, qué es esto.
Y escribo y no siento nada. No siento alivio, no siento euforia. No me siento bien. Escribo y escribo mierda.

No sé cuándo conseguiré lo que me propongo, si lo que me propongo provoca mi debate interno entre si debo seguir escribiendo o si debo intentar dormir. Me apasiona la primera idea, pero estoy cansada y me aterroriza pensar que si nada bueno sale de aquí, mi noche será peor de lo que ya me esperaba. La segunda opción, dormir sin más... Me paso las horas esperando algo que no llega, algo que ni si quiera sé lo que es. Es como si buscase algo que me sorprenda, que me entretenga y me provoque un gran entusiasmo. Como una buena noticia, una de las grandes...
Pero nunca llega.
Estoy pensando en quienes me rodean habitualmente. Qué ocultan, qué sienten, hasta qué punto están bien. Qué pensamientos tienen hacia mí.
A veces intento mirarles a los ojos y jugar a que sé lo que hay detrás. Simplemente me gustaría que alguien me hablase con el corazón en la mano por una vez; ¿por qué tenemos miedo a que descubran quiénes somos?
También están ese tipo de personas enigmáticas cuya voz apenas conoces pero cuya sonrisa lleva tu nombre (aunque no sea el único) y el propósito de mejorar tu día. Esas personas que no tienen un atractivo especial ni físico ni intelectual, pero que sientes que podrían valer oro. Son expectativas y velos de apariencias que se acaban rompiendo como medias finas. A veces para mal, otras para bien.
Imagínate el mundo sin expectativas. Sería como no vivir en él...

sábado, 14 de junio de 2014

Quizá no te falte algo. Quizá te sobren cosas.

Vuelvo. No me concentro. Pierdo el hilo, los papeles, el tiempo. No quiero hacer lo que estoy haciendo pero tengo que intentarlo. Debo apretar los dientes e intentar forzarlo, intentar pensar en positivo, disfrutarlo.

Así va esto. Me levanto cada mañana con ganas de explotar. Me falta algo, no sé qué es, pero me falta. Aprieto los dientes y envío mensajes tan esperanzadores como suicidas a mi cerebro: "esto por tu futuro", "esto por unas piernas bonitas", "esto por un 8 en el examen de mañana"... Y llego al fin de semana y tampoco. Estudiar un viernes ya no nos sorprende.

Soy esclava de las expectativas que tengo. Me quedan aún muchos años de presión y prisión. Pido que se adelante el juicio o que me lo devuelvan.

Otros son mártires todavía más involuntarios, esclavos de las expectativas ajenas. Y yo iba a continuar esta frase agonizando pero ya agonizo, exagero y hoy a mis pulmones ya se les escucha por todo el vecindario, invadidos por un invierno descolocado (como yo, pero al contrario).

Me leo y parece que puedo llegar a ser poeta. Te juro que lo he intentado. Siempre prosa y prosa. Entiendo por qué se echa de menos el infierno, por qué tantas parejas se hacen daño. Yo no necesito a otros para que me hieran. "Mira mamá, sin nadie".

Nos importa la apariencia y ya casi hemos dejado de negarlo.
Estoy escribiendo con el bolígrafo de Marco mientras mi respiración canta.
Que alguien me saque a la calle, que esto está dejando de ser intenso, que no quiero ser la más guapa del baile pero sí la que mejor baile.
El talento, si lo vistes a la moda van a verlo, a oírlo. Pero no van a sentirlo.
Se acaba confundiendo con el resto, el tuyo se camufla en la Gran Vía...
La sensibilidad, la capacidad de emocionar, por encima.
El talento al desnudo, como El Almuerzo, como todo lo sensible...