Palpita el miedo en mi puta sangre. Ahora ya sé lo que es. Paladéalo, siente el terror, el pánico. Te tiemblan las manos. Él te da miedo, la situación te produce miedo. Sabes dónde está el peligro.
Tengo los ojos muy abiertos este domingo a las tres de la mañana. Entiendo su punto de vista, entiendo el mío, el de ella. Comprendo cada una de las reacciones porque soy humana. Comprendo la desesperación, la agresividad, la impotencia, el rechazo y el temor. Comprendo que se vea reflejado en el comportamiento de otros y que se desespere pensando que él por esa puta está sufriendo. Pero aquel no sufre tanto. Sabes meterte en la piel del otro demasiado bien. Sufres por los dos y te estás volviendo loco.
Como yo, bendita cordura cuando la tengo aunque sea a media jornada. Sé que querías tirarte, echarlo todo a perder, dejarlo, pero hay algo que nos mantiene aquí, unidos. Y qué difícil es ser felices sabiendo que somos escoria. Conociéndonos tanto. Yo por mi parte he perdido la fe en la raza humana.
Quiero mandarlo todo lejos, arrancarme esta puta piel, estos putos estereotipos que no quiero vestir, sentir, no quiero dormir, no quiero ser amable, hoy no, no quiero entretenerme. No me aportan nada esos consejos de vida sana, cuerpo sano, mente sana, familia feliz, sonríe, deja propina, haz ejercicio, bebe agua, no te drogues, aprende, hoy puede ser un gran día si tú lo quieres así. No entiendo de toda esta puta patraña.
Siento que la vida me ha arañado un poco. El corazón intacto como también el hígado, creo, el estómago un poco encogido y el cerebro a pleno rendimiento, ya sabes, no me deja en paz.
Otros se están muriendo. Nunca paran el tiempo por ti. Me lo imagino ahí, sonriendo, desangrándose y pensando: "lucha por mí, yo ya perdí mi tiempo". No quiero luchar por ti, no quiero luchar por mí. No quiero luchar por nadie.
Juro que quiero dar el 100% de mí. ¿Cómo puedo escribir con estos gritos? Mi conciencia grita mucho más alto y ya ves, sobrevivo como puedo.
Si es pastilla trágala, seguro que te hace bien. Se está bien aquí, está blandito, se ablanda, me ablando... Y me da pena, me da pena que unos tengan que llevar una vida dura para descubrir que la droga también lo es, mientras que otros, buscando evadirse del mediocre estrés de este siglo, lo descubren casi simultáneamente, con más cómplices callados que litros y gramos cerca.
Bienvenido al mundo que se acuesta cuando tú te levantas. De este también conozco menos de un 4%.
Despacio.Nunca es demasiado tarde, nunca un texto es demasiado largo, nunca hay demasiada prisa.Encuentra el olor, el sabor, la imagen. Encuentra el mensaje.Escribo mi película, tú lees mis líneas y ves la tuya.
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domingo, 25 de mayo de 2014
domingo, 4 de mayo de 2014
Precaución.
Estoy en construcción. Sé que soy inexperta y que lo que escribo vale muy poco. Sé que tengo que dejar que fluya. Lo escribo, lo paladeo un poco y lo borro. Esto funciona así. Para pasar página antes tengo que escribir en ella.
Lo habéis sentido. No hay ningún secreto. Alguna vez incluso hice trampa e intenté conmover sin estar conmovida. Empecé hablándoos de ansiedad, incluí alguna reflexión y me centré en escribir intentos de ensayos sobre las drogas en mi entorno y, sin relacionar un tema con el otro o relacionándolo, el panorama que vivo cada mañana siempre un poco más tarde de las nueve. Después de eso, me centré en experimentar con las pastillas para el sueño. Las ingería por la mañana, con los ojos no muy abiertos y mis "no... funcionan..." Intentaba escribir sobre ellas y no era capaz. Dormía bien. Al día siguiente se me olvidaba.
Ahora me dan asco y me doy asco. Pero eso no significa nada.
Hoy me siento especialmente libre y aquí me ves, esclava. Creo poder decir lo que quiero y quiero querer decir que puedo. Quise fingir y forzar mi ego para poder ser artista, pero la verdad, no puedo tanto.
Alguna vez intenté hacer más poesía que prosa y le gustó a todos menos a mí misma. Bendito sea aquello de lo que me sienta orgullosa y sea tan bueno que nadie lo comprenda.
Más recientemente, he pensado en el amor y he publicado poco para no matarme más tarde. Admiro mi propia prudencia. Ahora introduzco citas de libros y canciones que se repiten en mi cabeza. Iba a escribir sobre raperos, para mí poetas que no quieren parecer de la misma acera que yo. Hay algunos que me encienden, me inspiran, sin tocar me tocan y antes de que anochezca subo a la azotea a mirar el mar y la puesta de sol con un libro, convirtiéndome en la versión más sensible e inaguantable de mí misma. Hay versos que siguen ocupando mi cabeza sin control, como los pensamientos sobre qué estará haciendo mi hermano tan lejos, cómo venceré los miedos que me quedan y qué haré para mejorar todo lo que pueda. De momento se pone el sol. Y yo que había comenzado con la idea de que "un mal día para sentarse a escribir puede ser un gran día para sentarse a borrar"... Y ahora no sé cómo hacerme callar, pero al final siempre callo. Así con todo.
Lo habéis sentido. No hay ningún secreto. Alguna vez incluso hice trampa e intenté conmover sin estar conmovida. Empecé hablándoos de ansiedad, incluí alguna reflexión y me centré en escribir intentos de ensayos sobre las drogas en mi entorno y, sin relacionar un tema con el otro o relacionándolo, el panorama que vivo cada mañana siempre un poco más tarde de las nueve. Después de eso, me centré en experimentar con las pastillas para el sueño. Las ingería por la mañana, con los ojos no muy abiertos y mis "no... funcionan..." Intentaba escribir sobre ellas y no era capaz. Dormía bien. Al día siguiente se me olvidaba.
Ahora me dan asco y me doy asco. Pero eso no significa nada.
Hoy me siento especialmente libre y aquí me ves, esclava. Creo poder decir lo que quiero y quiero querer decir que puedo. Quise fingir y forzar mi ego para poder ser artista, pero la verdad, no puedo tanto.
Alguna vez intenté hacer más poesía que prosa y le gustó a todos menos a mí misma. Bendito sea aquello de lo que me sienta orgullosa y sea tan bueno que nadie lo comprenda.
Más recientemente, he pensado en el amor y he publicado poco para no matarme más tarde. Admiro mi propia prudencia. Ahora introduzco citas de libros y canciones que se repiten en mi cabeza. Iba a escribir sobre raperos, para mí poetas que no quieren parecer de la misma acera que yo. Hay algunos que me encienden, me inspiran, sin tocar me tocan y antes de que anochezca subo a la azotea a mirar el mar y la puesta de sol con un libro, convirtiéndome en la versión más sensible e inaguantable de mí misma. Hay versos que siguen ocupando mi cabeza sin control, como los pensamientos sobre qué estará haciendo mi hermano tan lejos, cómo venceré los miedos que me quedan y qué haré para mejorar todo lo que pueda. De momento se pone el sol. Y yo que había comenzado con la idea de que "un mal día para sentarse a escribir puede ser un gran día para sentarse a borrar"... Y ahora no sé cómo hacerme callar, pero al final siempre callo. Así con todo.
domingo, 20 de abril de 2014
El río y el reloj también están sonando.
Escribirte cuando no puedo mirarte a los ojos y abrir la boca. Para hablar, por escucharte, para juntar la mía con la tuya. Aunque eso lo prefiero con los ojos cerrados, cuando sé que esto de tener los párpados bajados no significa que esté soñando.
Me gusto por escribirte y me odio por hacerlo de amor. Pero al menos lo escribo y no lo expreso en voz alta. Al menos, a esto pueden llamarlo prosa poética.
Te juro que paro las prisas para imaginarme qué estás haciendo. En qué detalles te estás parando. Si sonríes y cuántos latidos tienes por segundo. Podría enamorarme de cualquier puta cosa si pudiese observarla cuando nadie la está observando.
Me enamoraría saber en qué pierdes tu tiempo, con qué o con quién lo aprovechas. Quiero estar ahí cuando resoples fuerte, cuando con los ojos muy abiertos te den las tres de la mañana en la habitación y no puedas pedir silencio a tu cabeza.
Pienso en todo lo que no decimos por miedo a que suene como lo hace esto. Lo más humano que podemos sentir nos da miedo. Aunque pensándolo bien, el miedo es lo más humano que podemos sentir.
Quiero encontrarme con quien también esté buscando perderse en los detalles rutinarios de otro. Quiero que sea pronto, no me aguanto.
Joder, que si sigo escuchándome vomito.
Me gusto por escribirte y me odio por hacerlo de amor. Pero al menos lo escribo y no lo expreso en voz alta. Al menos, a esto pueden llamarlo prosa poética.
Te juro que paro las prisas para imaginarme qué estás haciendo. En qué detalles te estás parando. Si sonríes y cuántos latidos tienes por segundo. Podría enamorarme de cualquier puta cosa si pudiese observarla cuando nadie la está observando.
Me enamoraría saber en qué pierdes tu tiempo, con qué o con quién lo aprovechas. Quiero estar ahí cuando resoples fuerte, cuando con los ojos muy abiertos te den las tres de la mañana en la habitación y no puedas pedir silencio a tu cabeza.
Pienso en todo lo que no decimos por miedo a que suene como lo hace esto. Lo más humano que podemos sentir nos da miedo. Aunque pensándolo bien, el miedo es lo más humano que podemos sentir.
Quiero encontrarme con quien también esté buscando perderse en los detalles rutinarios de otro. Quiero que sea pronto, no me aguanto.
Joder, que si sigo escuchándome vomito.
domingo, 6 de abril de 2014
Delirios del 'carpe diem'.
Últimamente me cuesta recordar. No retengo información. Se me olvidan las caras de las personas, los deberes que no anoté confiando en mi nefasta memoria, los conceptos que nos enseñan, lo que me dicen, lo que yo misma digo. No sé lo que hice hace tres días, no recuerdo qué comí ayer, no sé qué llevaba puesto. Vivo en un bucle continuo de amnesia, de alteración de la memoria reciente que me producen estas pastillas que consumo y que me consumen. Lorazepam bajo la lengua y otro día que comienza.
No recuerdo el final de las películas que veo ni la trama de los libros que leo. Estudio y se me olvida lo que estudio. Y sonrío, porque en el fondo me alegro de que mi cabeza no sea un mero almacén de información que regurgitar ante un examen. Sólo me queda confiar en mi capacidad para reflexionar y encontrar respuestas, por eso no me jode. Sonrío porque al menos tengo droga gratis y cuando interrumpo el tratamiento de repente, tengo unas ganas de hablar y de vivir que de otra forma no se consiguen.
Las ganas que me están ahogando. Quiero leer mil libros y poder hablarte de ellos. Quiero escribir y escribir y escribir y tener la certeza de que merece la pena. Tengo ganas de salir a la calle y recorrerme la ciudad en buena compañía. Tengo ganas de darlo todo en el gimnasio hasta quedar exhausta.
¿A dónde iré en mi próximo viaje? Sólo de pensarlo se me pone la piel de gallina.
Adoro desayunar a las dos de la tarde los fines de semana, encender el televisor y encontrarme a Morgan de la gran Unidad de Análisis de Conducta tan lejana, sonriendo con esos dientes tan envidiablemente blancos.
Me apetece sentir y disfrutar de la naturaleza, me parece que lo hacemos demasiado poco.
La vida son dos días: viernes y sábado. A todo lo demás no lo llamamos vida.
Quiero decirle que tiene unos ojos preciosos y que no entiendo por qué baja la mirada. Quiero decirle que me muero por todos y cada uno de los detalles que tiene conmigo y que trato de que permanezcan en mi memoria como sea. Quiero abrazarlo sin miedo, comérmelo a besos y que no resulte extraño, porque simplemente es lo que quiero hacer, dejando a un lado posibles significados ocultos.
Supongo que me gusta escribirlo todo porque es mi forma de mantener los recuerdos intactos.
No recuerdo el final de las películas que veo ni la trama de los libros que leo. Estudio y se me olvida lo que estudio. Y sonrío, porque en el fondo me alegro de que mi cabeza no sea un mero almacén de información que regurgitar ante un examen. Sólo me queda confiar en mi capacidad para reflexionar y encontrar respuestas, por eso no me jode. Sonrío porque al menos tengo droga gratis y cuando interrumpo el tratamiento de repente, tengo unas ganas de hablar y de vivir que de otra forma no se consiguen.
Las ganas que me están ahogando. Quiero leer mil libros y poder hablarte de ellos. Quiero escribir y escribir y escribir y tener la certeza de que merece la pena. Tengo ganas de salir a la calle y recorrerme la ciudad en buena compañía. Tengo ganas de darlo todo en el gimnasio hasta quedar exhausta.
¿A dónde iré en mi próximo viaje? Sólo de pensarlo se me pone la piel de gallina.
Adoro desayunar a las dos de la tarde los fines de semana, encender el televisor y encontrarme a Morgan de la gran Unidad de Análisis de Conducta tan lejana, sonriendo con esos dientes tan envidiablemente blancos.
Me apetece sentir y disfrutar de la naturaleza, me parece que lo hacemos demasiado poco.
La vida son dos días: viernes y sábado. A todo lo demás no lo llamamos vida.
Quiero decirle que tiene unos ojos preciosos y que no entiendo por qué baja la mirada. Quiero decirle que me muero por todos y cada uno de los detalles que tiene conmigo y que trato de que permanezcan en mi memoria como sea. Quiero abrazarlo sin miedo, comérmelo a besos y que no resulte extraño, porque simplemente es lo que quiero hacer, dejando a un lado posibles significados ocultos.
Supongo que me gusta escribirlo todo porque es mi forma de mantener los recuerdos intactos.
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